En política hay figuras que buscan el poder por vocación, otras por ambición y algunas más por supervivencia.
En este último apartado, según sus críticos, se encuentra el creciente interés de Andrés Manuel López Beltrán, conocido como “Andy”, por construir una ruta política propia que le garantice visibilidad, influencia y, sobre todo, protección.
Desde hace meses, los rumores recorren los pasillos del poder. Unos aseguran que el verdadero objetivo es alcanzar una posición con fuero constitucional; otros sostienen que el plan de largo plazo consiste en convertirlo en uno de los principales operadores de Morena rumbo a la sucesión presidencial de la próxima década.
Lo cierto es que el apellido pesa, abre puertas y genera expectativas.
El llamado “bendito fuero” ha sido durante décadas una de las instituciones más controvertidas del sistema político mexicano.
Nació como un mecanismo para proteger la libertad de expresión y la independencia de los legisladores frente a presiones externas.
Sin embargo, para amplios sectores de la sociedad terminó convirtiéndose en sinónimo de inmunidad política.
De ahí que la posibilidad de que algún personaje aspire a un cargo público para obtener esa protección genere sospechas y alimenta la narrativa de quienes consideran que el poder se utiliza como escudo.
Los adversarios de López Beltrán sostienen que los escándalos que han rodeado a personajes cercanos al movimiento de la 4T, así como las constantes acusaciones de nepotismo y tráfico de influencias que circulan en el debate público, han incrementado la necesidad de blindarse políticamente.
No presentan pruebas concluyentes, pero la percepción se ha instalado en ciertos sectores de la opinión pública.
Las versiones sobre su futuro son diversas. Algunos lo ubican como eventual coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, posición estratégica desde donde podría controlar agendas, construir alianzas y consolidar un liderazgo nacional.
Otros consideran más viable una candidatura a la gubernatura de Tabasco, tierra dondeLópez Obrador conserva profundas raíces políticas y sentimentales.
La posibilidad de que el hijo del expresidente busque una posición de alto nivel no debería sorprender.
En México, las dinastías políticas no son una novedad. Las hemos visto en todos los partidos y en todas las regiones.
Lo relevante es que el discurso que durante años condenó el amiguismo y los privilegios,hoy día enfrente el desafío de demostrar que no terminará reproduciendo las mismas prácticas que criticó.
Para Morena, el asunto representa un dilema delicado. El movimiento nació bajo la promesa de romper con los viejos vicios de la política nacional.
Si una eventual candidatura de López Beltrán se percibe como una sucesión familiar o como una operación diseñada para otorgar protección política, el costo podría ser considerable. No solo para la imagen del partido, sino para la credibilidad de un proyecto que hizo de la austeridad moral y el combate a los privilegios una de sus principales banderas.
Porque, al final, el verdadero debate no es si “Andy” tiene derecho a participar en política. Como cualquier ciudadano, lo tiene. La pregunta de fondo es otra: ¿busca servir desde una responsabilidad pública o construir un refugio político en tiempos de turbulencia?
En un país donde la confianza en las instituciones sigue siendo frágil, la diferencia entre liderazgo y protección puede convertirse en una frontera muy difícil de explicar ante la opinión pública.
Y en esa frontera, para muchos políticos mexicanos, el fuero continúa siendo una tentación casi divina. Un auténtico salvoconducto. Un bendito fuero.
Imagen de portada: A “ANDY” LE URGE EL FUERO/// Francisco Rodríguez/// https://latitudmegalopolis.com/
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