Ni duda cabe: los consentidos de López Obrador ejercen el poder, pero atraviesan su hora más crítica. Ya no se escucha la euforia triunfalista.
Hoy se retuercen y enfrentan su mayor prueba de fuego; predominan los silencios incómodos.
En Palacio Nacional no duermen ni en los estados donde gobierna la 4T, que experimenta el insomnio del poder bajo asedio judicial.
Las pesadillas tienen nombre y apellido: Distrito Sur de Nueva York.
La conciencia los dobla porque el Departamento de Justicia de Estados Unidos ya formalizó el 29 de abril de 2026 la acusación contra Rubén Rocha Moya y otros nueve funcionarios de Sinaloa por pactar con “Los Chapitos”.
Y no están solos en la vigilia porque destacan Adán Augusto López, Ricardo Monreal, Marina del Pilar, Américo Villarreal, Mario Delgado, y “Andy” López Beltrán, entre otros.
Todos bajo la presión de Washington, donde el fiscal interino Todd Blanche ya advirtió: “habrá más acusaciones contra políticos mexicanos”.
El cisma ya reventó en Morena, el temor político comenzó a instalarse en las alturas del régimen.
La facción leal a AMLO se niega entregar a los suyos, se opone a cualquier acción que huela a cesión ante Estados Unidos.
La propia mandataria declaró recientemente que ninguna persona deshonesta puede esconderse bajo el halo de la transformación.
La frase sonó poderosa mediáticamente, pero abrió una interrogante devastadora para el régimen: si eso es cierto, ¿qué ocurrirá con todos aquellos funcionarios señalados por corrupción y presuntos nexos criminales que todavía ocupan posiciones de poder?
¿Aplicará la justicia mexicana para los suyos con el mismo rasero moral que exigió a sus adversarios?
Ahí reside el verdadero dilema político de Sheinbaum. Si protege a los personajes heredados por López Obrador, corre el riesgo de quedar atrapada en la misma red de sospechas y descrédito.
Pero si decide actuar contra ellos, inevitablemente provocará fracturas internas en Morena y romperá con el obradorismo más radical, ese que aún controla estructuras territoriales, legislativas y financieras.
La herencia maldita ya no es metáfora. Es orden de captura. Y México exige saber si la transformación era para tapar o limpiar.
La contradicción entre la alocución de la “honestidad valiente” y las imputaciones por narcopolítica, define la encrucijada central de la 4T.
Cuando el miedo entra a Palacio, las lealtades dejan de ser eternas.
Y eso que las denuncias apenas comienzan.
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