Hay ironías que no se escriben… se viven. Y en el Tianguis Turístico de Acapulco, la realidad decidió hacerle un homenaje involuntario a Yuri, la internacional veracruzana que hace décadas puso a medio país a bailar con su pegajoso —y ahora profético— “El Apagón”.
Porque sí, en plena inauguración, cuando el discurso debía brillar más que las playas de Guerrero, se fue la luz. Literal. No metafórica, no política —aunque también— sino eléctrica.
Funcionarios de primer nivel alumbrándose con celulares, mensajes leídos a media voz y una escena que parecía más un ensayo improvisado que un evento internacional para atraer inversiones.
Uno imagina a Yuri, desde el malecón del puerto de Veracruz, soltando la carcajada:
“Con el apagón, qué cosas suceden…”
Pero más allá del momento pintoresco —que lo fue— el fondo no da risa. Da preocupación.
Porque cuando un país organiza un escaparate global para atraer capital, turismo e inversión… y lo primero que proyecta es oscuridad, el mensaje es clarísimo: aquí falta energía, en todos los sentidos.
Y es ahí donde entra el verdadero “apagón”: el de la política energética.
Durante años, México entendió que la inversión extranjera no era una amenaza, sino un motor. La apertura permitió modernizar infraestructura, diversificar fuentes y, sobre todo, garantizar suministro en momentos críticos.
Hoy, en cambio, el discurso se ha movido hacia la autosuficiencia a ultranza, como si cerrar la puerta fuera sinónimo de soberanía.
Pero la electricidad no entiende de ideologías, entiende de capacidad, de tecnología y de inversión. Y cuando esas tres no se alcanzan, pasa lo inevitable: se apaga la luz… en eventos, en ciudades o —peor aún— en la confianza de los inversionistas.
La escena en Acapulco no fue solo un accidente técnico; fue una metáfora brutal.
Mientras el mundo compite por atraer capital energético, México parece decidido a cantar solo y desentonado… aunque el escenario esté a oscuras.
La crítica no es para destruir, sino para encender focos —y ojalá también conciencias—. Porque negar la participación extranjera no fortalece al Estado; lo aísla. Y en un sector tan estratégico como el eléctrico, el aislamiento suele terminar en… ya sabemos qué.
En apagones.
Quizá valga la pena volver a escuchar a Yuri, pero no como soundtrack de la ironía, sino como advertencia involuntaria. Porque si no se corrige el rumbo, el país podría quedarse atrapado en un circuito incómodo.
Y sí sabemos “qué cosas suceden, con el apagón…”
Y todavía estamos a tiempo de volver a encender la luz para que nuestro pueblo sabio no viva “a tontas y a locas”.
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