La designación de Citlalli Hernández como presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena busca fortalecer el proceso de selección de candidaturas rumbo a 2027, en un contexto de tensiones internas por el control del partido. Esta figura clave, que renunció a la Secretaría de las Mujeres con el aval de Claudia Sheinbaum, coordinará encuestas y alianzas con PT y PVEM, coincidiendo con el calendario que inicia el 22 de junio para 17 gubernaturas, agosto para 300 diputados federales y septiembre-noviembre para alcaldías.
Morena mantiene una lealtad histórica a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien influye “desde las sombras” en candidaturas vía operadores como su hermano, pese a que Sheinbaum busca afirmar su liderazgo presidencial. La dirigencia de Luisa María Alcalde y Andrés Manuel López Beltrán compite con la Presidencia y gobernadores por definir perfiles, generando disputas internas que Hernández podría mediar o intensificar.
Hernández, considerada “morenismo puro” con experiencia en alianzas de 2024, fue invitada por Alcalde tras diálogo con Sheinbaum, lo que algunos ven como intervención presidencial para rescatar coaliciones tensas y limitar a la dirigencia actual. Su posición no altera directamente la influencia de AMLO, pero podría favorecer perfiles alineados con Sheinbaum en encuestas internas.
Esta designación podría agravar fricciones si prioriza lealtades sheinbaumistas sobre las obradoristas, retrasando consensos para candidaturas en un año clave con elecciones masivas. Alternativamente, fortalece la unidad para mantener hegemonía en gubernaturas y Congreso, pero resalta la transición incompleta de poder en Morena, donde AMLO retiene control informal. En breve, definirá si Sheinbaum corrige el desbalance o si persisten pugnas que debiliten al partido
En Morena, donde las candidaturas no se definen mediante primarias abiertas, sino a través de encuestas internas, la Comisión de Elecciones es el verdadero centro de poder. Ahí se decide quién puede competir, qué perfiles pasan el filtro y, en última instancia, quién aparece en la boleta. Bajo esa lógica, quien controla la encuesta controla la candidatura. Por ello, la llegada de Hernández implica mucho más que coordinar procesos, significa incidir directamente en la configuración del mapa político del país.
Citlalli Hernández no representa una ruptura con el obradorismo, pero tampoco es una figura ajena al nuevo poder presidencial. Su perfil combina tres elementos clave, cercanía política con Sheinbaum, identidad fundacional dentro de Morena y capacidad de negociación con aliados como el PT y el PVEM. Es, en términos políticos, un puente. Una operadora que puede traducir intereses, contener tensiones y construir acuerdos.
Ahora bien, su poder será significativo, pero no absoluto. La Comisión no actúa en solitario y comparte decisiones con figuras relevantes del partido, lo que obliga a mantener equilibrios internos. Hernández podrá filtrar aspirantes, influir en las encuestas y bloquear perfiles incómodos, pero siempre dentro de una correlación de fuerzas donde conviven distintas corrientes.
De cara al futuro, es probable que este nuevo arreglo derive en candidaturas más alineadas con el gobierno federal, con mayor disciplina política y menor margen para imposiciones locales. Sin embargo, no habrá una ruptura abrupta ni una “limpia” interna. Morena seguirá operando bajo una lógica de cuotas y equilibrios, donde conviven el obradorismo, las estructuras territoriales y los aliados partidistas.
En términos estratégicos, el movimiento apunta a una centralización del proceso electoral, a un intento de Sheinbaum por influir en la sucesión territorial y a un mecanismo preventivo para evitar fracturas rumbo a 2027. Es, en esencia, un paso hacia la consolidación de un nuevo liderazgo dentro del mismo movimiento.
La clave está en entender que esto no representa aún un cambio de régimen interno en Morena. Es, más bien, el inicio de una transición, del control político que durante años orbitó en torno a López Obrador hacia una conducción más cercana a Sheinbaum. Una transición que no será inmediata ni unilateral, sino gradual, negociada y sujeta a los equilibrios que definen al partido.
En ese proceso, Citlalli Hernández no será una simple funcionaria partidista. Será una pieza central en la disputa silenciosa por el poder.
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Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Formó parte del cuerpo académico en comunicación en la Ibero y en la Universidad Anáhuac, campus norte CDMX.
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