Presentación
En el marco del 120 aniversario de la fundación de la Escuela de la Sagrada Familia-Susana Fontana (1906), se presentó el conversatorio: La Batalla de Cerro Gordo. Santa Anna. Ciriaco Vázquez, a cargo del maestro Arsenio González García. El ponente es Licenciado en Historia por la Universidad Veracruzana (2009), diplomado en Historia Militar por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, investigador en el Departamento de Historia de la Secretaría de Marina-Armada de México, cronista del municipio de Ángel R. Cabada, agente federal de migración en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y asesor histórico en varios ejidos de su municipio. También ha sido profesor frente a grupo en la Escuela Normal “Juan Enríquez” de Tlacotalpan. Sus líneas de investigación incluyen las epidemias en la ciudad de Xalapa —en particular el cólera de 1833—, la intervención estadounidense en Xalapa (1847), así como la navegación prehispánica y virreinal. https://youtu.be/LHDrOYzbIcI?si=h2Uobv-WIbmQUquO
Cabe recordar que en 1947, con motivo del centenario de la muerte del General Ciriaco Vázquez, la maestra Soledad Ramos Enríquez colocó una placa en su memoria, aunque sin proporcionar explicación alguna sobre dicha jornada cívica.
1. Introducción
En el complejo tapiz del México decimonónico, la figura del General Ciriaco Vázquez emerge no solo como un militar de alto rango, sino como el arquetipo de la “gerencia media profesional” que sostuvo la operatividad del Estado mientras los caudillos se disputaban el poder político. Como pilar estratégico en el círculo de Antonio López de Santa Anna, Vázquez representó la continuidad técnica y la lealtad institucional en un Veracruz que funcionaba como la garganta de la nación. Su trayectoria de 38 años en las armas refleja la transición de la Nueva España hacia una República acosada por intervenciones extranjeras.
El propósito de esta biografía es rescatar del ostracismo a un personaje cuya relevancia ha sido injustamente sepultada por la historiografía oficial, la cual suele priorizar figuras mediáticas o polémicas. El “olvido” de Vázquez es síntoma de una narrativa que ignora a los ejecutores eficientes del poder en favor de sus protagonistas nominales. Sin embargo, para comprender el colapso defensivo en Cerro Gordo y la resistencia institucional de Veracruz, resulta imperativo analizar la formación y el linaje de este general, cuya ética del honor se forjó en las murallas del puerto.
2. Orígenes, linaje y formación castrense (1794-1821)
Nacido en el puerto de Veracruz en 1794, Ciriaco Vázquez creció en un ambiente donde la milicia y el comercio transatlántico definían el estatus social. Su red familiar no solo lo vinculaba con la élite local, sino con la compleja migración europea de la época. Su hermana, Francisca, casó con José María Bureau, hijo de un noble francés que huyó de la Revolución Francesa. Tras un fracaso inicial con una farmacia, la familia Bureau prosperó con una panificadora en el puerto, consolidando una influencia que perduraría por generaciones.
Red familiar y vínculos estratégicos
Vázquez inició su carrera en 1809 como cadete en el Regimiento Fijo de Veracruz. Durante once años sirvió al estandarte realista, adquiriendo una disciplina técnica superior que caracterizaba a la oficialidad criolla profesional. Este periodo fue su laboratorio de formación logística. No obstante, 1821 marcó el punto de inflexión decisivo: al unirse al Ejército Trigarante bajo el mando de José Joaquín Herrera, Vázquez aportó la experiencia de los mandos profesionales españoles a la causa de la independencia, facilitando la transición administrativa del nuevo ejército nacional.
3. La consolidación de la Independencia y la defensa de la soberanía (1821-1829)
La madurez militar de Vázquez se manifestó en los hitos que sellaron la soberanía mexicana. Tras participar en el Sitio de Puebla y fungir como testigo de honor en la firma de los Tratados de Córdoba, su papel en la rendición de San Juan de Ulúa (1825) destacó su estatura ética. Ante la capitulación del brigadier español José Coppinger, Vázquez y el coronel Mariano Barbosa se ofrecieron como rehenes de honor, trasladándose al castillo para garantizar que las tropas peninsulares evacuaran el puerto sin agresiones. Este acto de diplomacia armada fue el sello final de la independencia en el último reducto español.
En 1829, su desempeño como cuartelmaestre durante la campaña contra la expedición de Isidro Barradas en Tampico resultó fundamental. La victoria mexicana, facilitada por la eficiencia logística de Vázquez, no solo alejó el fantasma de la reconquista, sino que cimentó su relación de confianza con Santa Anna. Para el prestigio internacional de México, estas acciones demostraron que el país poseía una oficialidad capaz de enfrentar a potencias europeas con rigor técnico y valor estratégico.
4. Arquitecto político y gobernador de Veracruz (1832-1833)
Vázquez operó como el brazo ejecutor de Santa Anna en la política regional. El 2 de enero de 1832, como comandante general del puerto, encabezó el Plan de Veracruz, un movimiento crítico que exigía la observancia constitucional frente al centralismo de Anastasio Bustamante.
Aunque fue nombrado gobernador interino y comandante militar en 1833, su estilo de mando institucional se documentó con mayor precisión durante su acantonamiento en Xalapa en 1842. Al mando de más de 3,000 hombres, Vázquez prohibió terminantemente la leva (reclutamiento forzado) y se distinguió por atender personalmente las quejas de los ayuntamientos contra los abusos de la tropa. Esta gestión, basada en el orden y el respeto a la autoridad civil, lo distanció del típico militarismo arbitrario de su época.
5. El ocaso en el Cerro del Telégrafo (1847)
La Batalla de Cerro Gordo representó la tragedia final de un ejército superado por la tecnología y los errores tácticos del alto mando. El 18 de abril de 1847, mientras la derrota se volvía inevitable, el general de división Ciriaco Vázquez asumió la defensa de la posición más crítica: el cerro de “El Telégrafo”. Bajo su mando se encontraban los regimientos de infantería ligera 2.°, 4.° y 11.°.
El combate evidenció la superioridad táctica estadounidense a través de un ataque envolvente coordinado. Mientras la brigada de Harney asaltaba el frente de la posición, la brigada de Riley atacaba simultáneamente por la retaguardia. Vázquez cayó abatido en el fragor de esta maniobra de pinza, a los 53 años. Su sacrificio contrastó amargamente con el repliegue de Santa Anna hacia Huatusco, quien abandonó el campo dejando atrás incluso su prótesis y los fondos de la tropa. Vázquez, el profesional, murió en su puesto; el caudillo, el político, huyó.
6. Legado, monumentos y la memoria olvidada
La memoria de Vázquez fue rescatada temporalmente a finales del siglo XIX gracias a su sobrino, Domingo Bureau, quien en 1881 impulsó la creación del Parque Ciriaco Vázquez en el puerto. En 1883, se instaló un busto de bronce, obra del artista francés Jules Graux. La pieza contenía una inscripción intrigante: “A DUMILATRE 1883”, probablemente en referencia a la fundición o al mecenas que financió la obra. En 1947, el esfuerzo escolar de los alumnos de Susana Fontana añadió una placa en Cerro Gordo para conmemorar el centenario de su sacrificio.
Sin embargo, la realidad actual es una denuncia silenciosa del abandono patrimonial. En octubre de 2019, el busto de Jules Graux fue robado, un acto facilitado por la falta de iluminación y vigilancia en el parque. La pérdida de esta pieza no es solo un robo de metal; representa la “segunda muerte” de un defensor de la nación, una ejecución simbólica mediante la indiferencia. Ciriaco Vázquez debe ser revalorizado no como un satélite de Santa Anna, sino como un garante de la soberanía que, desde la capitulación de Ulúa hasta el último aliento en El Telégrafo, demostró que la lealtad a la patria es una virtud técnica y un sacrificio supremo.
Historias similares
“El Bukanas”, azote de Puebla y Veracruz
Inversiones federales en Veracruz
Inflación alimentaria: la pobreza que no se mide