marzo 12, 2026

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El tema de los plurinominales 

Foto: Claroscuro
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Lo que resiste, apoya

Jesús Reyes Heroles 

La arquitectura democrática de México se encuentra hoy frente a un espejo que le devuelve una imagen de profunda transformación. El debate sobre la eliminación o reducción de los legisladores de representación proporcional, los malqueridos “plurinominales”, me parece que, por su naturaleza, no es una simple discusión sobre el ahorro presupuestario o el tamaño del recinto legislativo; es, en el fondo, una disputa sobre el ADN de nuestro sistema político. 

Para entender el origen de estas curules, debemos recordar que no nacieron de un capricho burocrático, sino de la urgencia de romper el monopolio de un partido hegemónico que, durante décadas, convirtió al Congreso en una caja de resonancia de una sola voluntad. 

Emblemáticamente, la reforma de 1977, impulsada por Reyes Heroles, fue el ventilador que permitió la entrada de aire fresco a una habitación cerrada, garantizando que el porcentaje de votos obtenidos en las urnas se tradujera, con la mayor fidelidad posible, en una cuota de poder real.

En el lado positivo de la balanza de esta reforma actual se yerguen argumentos que resuenan con fuerza en el ánimo social, la austeridad y la legitimidad directa. Es innegable que un aparato legislativo más esbelto podría facilitar la toma de decisiones y reducir la carga al erario, una demanda histórica de una ciudadanía que percibe a su clase política como una élite costosa y, en ocasiones, desconectada.

Al obligar a todo aquel que aspire a una curul a caminar las calles y buscar el voto territorial, se intenta cerrar la brecha entre el representante y el representado, eliminando esa percepción de “privilegio” que rodea a quienes llegan al Congreso mediante una lista de partido sin haber pasado por el filtro del mitin y el apretón de manos.

Sin embargo, el riesgo de este movimiento pendular es el retorno a la “Tiranía de la mayoría“, de la que nos advirtió John Stuart Mill desde 1859 en su obra “Sobre la Libertad”. 

El gran desafío de esta propuesta radica en la posible asfixia del pluralismo. Si eliminamos los contrapesos que otorgan los plurinominales, corremos el peligro de que una fuerza política que obtenga, por ejemplo, el 45% de la votación, termine controlando el 70% o más del Congreso, dejando en la orfandad política a millones de mexicanos cuyas preferencias no coincidieron con el ganador del distrito. 

Además, históricamente, -por muy controversial que sea- las listas plurinominales han sido el vehículo para que perfiles técnicos, académicos y expertos en técnica legislativa —personas que quizás no poseen el carisma de un candidato de tierra, pero sí el rigor para redactar leyes complejas; aunque en las últimas legislaturas esta parte también se ha deteriorado— lleguen a las comisiones donde se decide el destino jurídico del país.

El verdadero nudo gordiano no está solo en el número de asientos, sino en la justicia de la representación. Una reforma que apueste por la eficiencia pero descuide la pluralidad podría derivar en un sistema donde las minorías dejen de ser interlocutoras para convertirse en meros espectadores de una voluntad absoluta.

El desafío para el legislador actual es encontrar ese punto medio donde la austeridad no se convierta en exclusión, y donde la fuerza de las mayorías no termine por borrar la diversidad de un México que es, por naturaleza, multicolor. Más, cuando entender esa diversidad es el afluente que nos puede generar bienestar. 

Al final del día, la salud de una democracia no se mide por qué tan rápido se aprueban las leyes, sino por cuántas voces fueron escuchadas antes de que el mazo golpeara la mesa.

Estoy cierto que cada vez se escribe menos sobre estos temas, pero un análisis bien balanceado entiende el raciocinio politológico, y la justificación que en su momento significó darle una voz al propio Partido Comunista Mexicano a través de Pablo Gómez Álvarez, allá en aquel 1979: “Lo que resiste, apoya”. 

Y en cuanto a Morena, respecto a sus aliados en la votación de la reforma electoral de 2026, aplica la frase de Reyes Heroles: “Puerta abierta para que se vayan los oportunistas; cerrojo de hierro para que no pasen“.

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