Se le hizo bolas el engrudo al gobierno y a MORENA por no prever que el contenido de su reforma electoral provocaría un severo disenso de parte de sus aliados electorales, el PT y el Verde Ecologista. Si en realidad en el gobierno se supuso que la sola voluntad presidencial bastaría para llevarla a cabo, la cruda realidad está demostrando que existe una sustantiva diferencia entre una alianza política y una alianza electoral, más aún si las circunstancias de sus componentes evidencian un partido oficial dominante y dos aliados asimétricamente diferentes. Revela también una alianza electoral cuya conveniencia estriba en que sin ese recurso el PT y el Verde correrían el riesgo de perder el registro y, por su lado a MORENA se le complicaría completar la mayoría calificada para efectuar sus reformas constitucionales y electoralmente vería menguada su fortaleza electoral.
La tardanza y los diferimientos para presentar la iniciativa ante una de las Cámaras del Congreso General es a causa de la falta de consenso entre MORENA y sus aliados, para los cuales aprobar la iniciativa tal como se les presentó originalmente se asemeja a ponerse la soga al cuello y, a la vez, proporcionar a MORENA mejores condiciones para alcanzar su hegemonía política y electoral. Pero ese desacuerdo entre los partidos de la oficialidad no necesariamente representa un cisma insalvable que ponga en riesgo la alianza electoral entre MORENA, el PT y el Verde. En 2019 el PT y el Verde no acompañaron una reforma constitucional promovida por AMLO, recuérdese que estos partidos ponían como condición para dar su apoyo la cláusula “de vida eterna”, que consistía en que, en caso de no alcanzar el requisito del 3 por ciento exigido por la ley, MORENA aportaría parte de sus votos para completar ese porcentaje, el gobierno rechazó la idea y no hubo acuerdos ni reforma. Sin embargo, la alianza electoral prosiguió en su fructífera cosecha de votos, de uno para todos y todos para uno.
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