La realidad política es que ni los mismos aliados del partido Morena – los partidos Verde y del Trabajo – están convencidos de las bondades a favor de la democracia de la reforma electoral presentada por la Titular del Poder Ejecutivo Claudia Sheinbaum Pardo, está claro que no es la reforma que pidió el pueblo, es la reforma de Morena.
En otros momentos he señalado lo “fantasioso” de hablar a nombre del pueblo cuando de una lista nominal de mas de 98 millones de ciudadanos, se llega al poder – en alianza con otros 2 partidos – con cerca de 36 millones de votos, ¿a nombre de qué pueblo se está hablando en un país con más de 100 millones de habitantes? ¿ Acaso los más de 21 millones de ciudadanos que votaron por la oposición NO son pueblo? ¿Acaso los más de 40 millones de ciudadanos que decidieron no salir a votar NO son pueblo? ¿A nombre de qué pueblo se habla?
Lo cierto es que decir desde el poder: “hay que abaratar las elecciones”, “hay que quitar tantos privilegios al INE? ¿hay que dar menos dinero a los partidos”, “el pueblo debe elegir a sus representantes populares y no las dirigencias partidistas”, tiene mucha aceptación socia, la presidenta ha señalado de manera muy concreta:
“Yo como presidenta estoy obligada a enviar una reforma que contenga lo que me pidió la gente y lo que vemos en las encuestas”, también ante la propuesta de reducir los gastos en los procesos electorales señaló:
“Para que esos recursos sean etiquetados para salud, educación o para Programas para el Bienestar…”, ante tales argumentos para legitimar una reforma electoral desde el poder, ¿quien puede estar en contra? Sin embargo, la historia no solo es el argumento público para ganar simpatía popular, el tema de fondo es ¿es una reforma electoral que “recoge” el sentir y anhelos del pueblo de México o es un deseo del poder para mantenerse en el poder?
Ayer alguien con mucho poder político dijo una frase – dirigida a sus opositores – que aún retumba en los pasillos de la política nacional: “Ni los oigo ni los veo” y hoy esa frase se vuelva a escuchar del poder hacia la oposición incluidos sus aliados qué muchas veces “con los ojos cerrados” han apoyado toda reforma llegada desde Palacio Nacional.
Es saludable que se ponga sobre la mesa una reforma electoral en beneficio de la democracia en México, es loable que desde el poder se quieran “ahorrar” recursos económicos en todo proceso electoral, eso no está a discusión, lo que se cuestiona y no aceptan los demás invitados en nuestro sistema representativo es que solo una voz sea escuchada, solo el poder haga uso del “micrófono social” sin dar oportunidad a que otras voces se escuchen, la legitimidad política es la base para la credibilidad de toda elección Constitucional, no se vale que quienes ayer gritaban en las calles buscando ser escuchados y lograron “sentarse” en la misma mesa con el poder para contribuir a “abrir” el sistema político, hoy no quieran escuchar y plasmar en su propuesta electoral a otros invitados incluso a sus mismos del poder y que han caminado – algunas veces no muy convencidos – con morena apoyando toda acción de gobierno, ¿quién abandona a quien?
No se vale querer exhibir a sus propios aliados con discursos 100% populistas, esto es, “música celestial” para el oído popular, una reforma electoral necesita ir acompañada de todas las voces que integran una sociedad plural como la que existe en nuestro país, si bien es cierto hay un partido mayoritario, también es cierto que hay millones de voces que no se sienten representadas por ese partido, ¿acaso las minorías no tienen derecho de ser escuchadas? ¿Acaso las minorías no son pueblo?
Es necesario que exista un debate Parlamentario digno de la historia de discusiones legislativas del pasado, apoyar o rechazar una reforma con argumentos jurídicos y políticos no daña en ningún momento a la democracia, si al final del día se aprueba o se rechaza la reforma electoral – enviada desde Palacio Nacional – que cada quien asuma sus responsabilidades con sus representados, hay que recordar que uno de los riesgos de la democracia es que al final, una mayoría puede estar equivocada.
Por cierto, en relación al número de regidores que debe tener cada municipio, ¿cuándo hablaron los presidentes municipales en funciones?
P.D.- Con el ánimo que el poder de hoy nunca se olvide que “todas las minorías juntas” llegan a ser la mayoría de mañana …Escribiré otro día.
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