febrero 24, 2026

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Por sucesión de “El Mencho”… VIENE LO PEOR

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“Ánimo, lo mejor es lo peor que se va a poner”, alentaba Pancho Villa a sus dorados –en su estilo seco y brutal—cuando los escenarios estaban complicados.

Esta frase encontró eco en la sonrisa malévola de Andrés Manuel López Obrador (23 de septiembre 2022), como si la tragedia nacional pudiera maquillarse con dichos populares, discursos optimistas y promesas recicladas.

Porque no nos engañemos: lo peor no ha pasado. Apenas comienza.

La inminente caída de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, no representa el fin del crimen organizado. Representa, por el contrario, el inicio de una etapa más violenta, caótica e impredecible. Cuando un capo cae, no llega la paz: llega la disputa.

El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) enfrenta hoy una crisis de sucesión sin precedentes. No existe un heredero natural. El llamado “Menchito”, su hijo, está preso en Estados Unidos y enfrenta una cadena perpetua. Está fuera del tablero. No juega. No manda. No decide. Y cuando no hay herederos claros, mandan las balas.

Los jefes de plaza observan, calculan, conspiran. Saben que se aproxima una guerra interna. Cada uno quiere el trono. Cada uno cree merecerlo. Cada uno está dispuesto a incendiar regiones enteras para conseguirlo.

En ese vacío de poder surge una figura que inquieta a los propios criminales: José Luis Gutiérrez Ochoa, alias “Tolín”. No es el más carismático. No es el más visible. Es el más peligroso. Conoce las rutas, los pactos, las traiciones, los secretos inconfesables del cártel. Y quien conoce los secretos, controla el miedo.

El próximo líder no será el más inteligente ni el más estratégico. Será el más brutal. El que esté dispuesto a cruzar todos los límites. El que entienda que, en tiempos de sucesión, la violencia es moneda de cambio.

Y México ya conoce bien ese lenguaje.

Las repercusiones no se limitarán a Jalisco. Serán nacionales e internacionales. Tráfico, extorsión, secuestros, desplazamientos forzados, ejecuciones ejemplares. Todo multiplicado. Todo amplificado. Todo normalizado desde el poder con frases huecas y estadísticas maquilladas.

Hay un dato que debería encender todas las alarmas: Guadalajara será sede del Mundial. Un escaparate global. Una vitrina internacional. Y, por lo mismo, un objetivo de alto riesgo.

Para los criminales, los grandes eventos no son celebraciones: son oportunidades. Para exhibir fuerza. Para ajustar cuentas. Para mandar mensajes. Para demostrar quién manda realmente en el territorio.

Mientras tanto, el gobierno repite su mantra: “vamos bien”, “hay avances”, “es herencia del pasado”. Como si la violencia obedeciera calendarios electorales. Como si las balas respetaran discursos.

La realidad es otra.

Estamos entrando en una fase donde el crimen no solo disputa territorios: disputa legitimidad. Cobra impuestos, impone reglas, administra justicia. Suple al Estado donde éste se ausenta. Y lo hace a sangre y fuego.

La ausencia de “El Mencho” no traerá calma. Traerá tormenta.

México no se dirige a un cierre de ciclo criminal. Se encamina a una reconfiguración más feroz, fragmentada y mortal. Una guerra sin rostro, sin reglas y sin final cercano.

Por eso, no es pesimismo. Es realismo.

Viene lo peor.

Y, como siempre, nos agarra con gobiernos sonrientes, ciudadanos indefensos y una clase política más preocupada por la narrativa que por la verdad.

Porque aquí, mientras el poder se maquilla, el país se desangra.

Imagen de portada: Infobae// Enfrentamientos entre grupos criminales 

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