febrero 12, 2026

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¿México sin radio ni televisión?

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Algo que ha pasado desapercibida es la amenaza de huelga nacional en la industria de la radio y la televisión para el 15 de febrero, la cual se debe a un conflicto salarial y de condiciones laborales entre los sindicatos del sector (principalmente el STIRTT y el Sitatyr) y las empresas agrupadas en la CIRT, en un contexto de rechazo sindical a la automatización y a cambios en el contrato-ley que consideran regresivos. Las probabilidades de que estalle son reales pero moderadas: el emplazamiento es firme y la base ya se está preparando, pero ambas partes mantienen negociaciones abiertas y en conflictos similares recientes se han concedido prórrogas o alcanzado acuerdos de última hora para evitar el paro total.

Las causas de la amenaza de huelgael Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Radio, Televisión y Telecomunicaciones (STIRTT) y el Sitatyr emplazaron a huelga nacional ante la falta de acuerdo en el incremento salarial (la oferta patribal de incremento salarial bajó de un 3.5 a solo un 3%) y en sus pliegos petitorios con la Cámara Nacional de la Radio y la Televisión (CIRT).

La prórroga fijó el nuevo plazo de estallamiento para las 00:01 horas del 15 de febrero de 2026, después de una reunión en la Ciudad de México donde no hubo consenso.

La dirigencia del STIRTT ha reiterado su rechazo a la automatización de estaciones y al “apartado único”, que consideran herramientas patronales para justificar despidos, precarizar puestos y diluir derechos adquiridos del contrato-ley del sector.

En secciones como Mérida se denuncia que los salarios no son “dignos” y que hay rezagos o insuficiencia en prestaciones, por lo que el sindicato plantea “dar por concluidas las consideraciones” que se otorgaron a las empresas durante la pandemia (flexibilizaciones, tolerancia a recortes, etc.).​

La narrativa sindical subraya defensa de plazas, respeto al principio “a trabajo igual, salario igual” también para nuevas contrataciones, y resistencia a que la modernización tecnológica se traduzca en sustitución de personal sin garantías.

Los elementos que hacen inédita la amenaza es que se trata de un emplazamiento de alcance nacional en radio y televisión comerciales y, en algunos casos, sistemas vinculados a telecomunicaciones, coordinado por sindicatos con presencia en casi todo el país (STIRTT y Sitatyr).

Las secciones locales (como Mérida) están realizando asambleas expresamente “ante posible huelga nacional” y articulan sus decisiones a lo que se acuerde en la mesa nacional, lo que refuerza el carácter coordinado y no solo de conflictos aislados por empresa.

Este emplazamiento ocurre además en un entorno de conflictividad laboral más amplio (amenazas de huelga en transporte eléctrico de CDMX, por ejemplo), lo que refuerza la percepción de una ola de presiones obreras en sectores estratégicos de servicios.

Los factores que aumentan la probabilidad de estallamientoEl sindicato ha endurecido su discurso: “no” a la automatización, “no” al apartado único y cierre de concesiones otorgadas en pandemia, señales de que busca aprovechar la coyuntura para reequilibrar la relación con los concesionarios.

Las bases  de trabajadores ya se organizan para el paro (asambleas, avisos públicos, preparación de guardias de huelga), lo que eleva el costo político interno de recular sin obtener algo significativo.

Existen antecedentes recientes de conflictos en empresas de radio donde se denunciaron impagos de salarios, aguinaldos y prestaciones, lo que alimenta un malestar acumulado en el gremio y disposición a medidas de fuerza.Hay  que recordar que las empresas de comunicación  han manifestado una disminución en sus ingresos, lo cual les hace imposible otorgar un  mayor incremento salarial.

La dirigencia sindical sigue privilegiando la mesa de negociación nacional y condiciona el estallamiento a que no se logren “acuerdos favorables” antes del 14 de febrero, lo que deja una ventana explícita para un arreglo de última hora.

Hay que recordar que en otros conflictos laborales recientes (como el de la Alianza de Tranviarios en CDMX), los sindicatos aceptaron reprogramar o suspender huelgas ante nuevas propuestas de la autoridad o del patrón, lo que muestra una práctica de usar el emplazamiento como palanca negociadora más que como decisión irreversible.

En términos técnicos, el estallamiento es posible y el emplazamiento está formalmente vigente para el primer minuto del 15 de febrero; si no hay acuerdo, el sindicato ha reiterado que procederá.

Sin embargo, la combinación de una industria estratégica, la experiencia de usar prórrogas para arrancar mejores condiciones y la presión que supone un apagón mediático nacional hacen más probable un acuerdo a última hora  que una huelga prolongada.

En consideración de lo anterior se presentan dos escenarios: el primero con bajas posibilidades es el estallamiento de huelga, con suspensión parcial o total de transmisiones en múltiples plazas, lo cual significaría un alto impacto simbólico y presión inmediata sobre la CIRT y el gobierno federal. El segundo escenario con mayores posibilidades lo es que logren un acuerdo en la madrugada del 14–15 de febrero o se gestione una nueva prórroga, con ganancias parciales para el sindicato y mensaje de fuerza sin llegar a paro generalizado.

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cacostabravo@yahoo.com.mx

*Maestro en comunicación por la Universidad Iberoamericana, de la cual formó parte del cuerpo académico de la Licenciatura en comunicación, así como de la Universidad Anáhuac, campús norte de CDMX.

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