No es la amiga de Rocío Nahle la que va a gobernar; no es la reportera jarocha quien va a mandar; no es la maestra de generaciones de comunicadores. No, es Rosa María a secas, con todas sus virtudes y con todos sus quebrantos. Ella es quien ha sido designada por mis paisanas y por mis paisanos; por usted mi querida lectora y por el caballero -y por el jarocho-.
Rosa María Hernández Espejo será la que tome las decisiones que afectan a todas y a todos en el primer ayuntamiento de América, que aunque es el que empezó más temprano que todos, sigue sin poder resolver los problemas de siempre y las broncas nuevas que se le han encimado en los últimos años. Y no hay dificultad menor: la calidad y distribución del agua potable y el elevado precio por el servicio; el mantenimiento de las cañerías. La restitución de las playas a las que cantó Lara. Los baches de las calles y las avenidas. Las inundaciones. La seguridad pública y tránsito… esa oficina.
Unos opinan que la vida le ríe y canta, y otros piensan que se sacó la rifa del tigre hambriento; que está en el mejor lugar, pero en el peor momento; que las complicaciones se agolpan y no hay presupuesto que alcance para emprender soluciones; que de las colonias marginadas van a seguir saliendo los problemas que ahogan a cualquier administración y que coartan cualquier buen deseo.
Por eso la opinión de ahora sobre ella es dialéctica: todos quieren estar en su lugar mientras nadie quiere estar en su lugar.
Vienen sobre ella cuatro años de sueños y realidades que se agolpan una a otra. Va a tener que decidir si echa la escoba hacia atrás o la empuja hacia adelante (“Aquella que barrió abajo se llama Panchita”… hubiera dicho Joaquín Pardavé). Tendrá también que tomar decisiones fuertes en un momento, y regresar el Carnaval a su origen para que sea el más alegre aunque con todos y a tiempo, y poner orden en las calles, y hacer justo el cobro de los taxis y del otro transporte público.
…pero es Rosa María, y ella ya ha caminado de la mano de su amiga la Gobernadora; ya reporteó toda la ciudad; ha enseñado a muchas reporteras y a muchos reporteros el galano arte de informar con la verdad, sin aspavientos.
Y ahora está ahí, en La Silla Municipal, en LA SILLA MUNICIPAL. Y no digo sillón por cuestiones de género.
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