La política veracruzana tiene algo de feria de pueblo: uno pasa meses sin ver a ciertos personajes y de pronto, como si hubiera promoción de “regrese uno y lleve dos abrazos gratis”, reaparecen en redes sociales, en colonias, en mercados, en inauguraciones de canchas, en carreras atléticas, en misas, en graduaciones y, si se descuidan, hasta en la fila de las tortillas. Todavía no arranca formalmente el proceso, pero los aspirantes ya empezaron a asomarse, primero tímidamente, como quien no quiere la cosa… y luego, con la sutileza de un camión Ulúa entrando a una calle de Xalapa.
Porque cuando huele a elección, a muchos políticos les vuelve de golpe el amor por el pueblo. Redescubren que la gente existe, que los mercados son importantes, que las selfies sirven y que los baños de pueblo son más rendidores que cualquier encuesta. De pronto, el político que llevaba meses desaparecido, reaparece entre niños, adultos mayores y comerciantes, sonriendo como si jamás hubiera dejado de recorrer las calles. Milagros de la temporada electoral que no de Semana Santa.
Claro, tampoco se vale meter a todos en el mismo costal. En Veracruz solemos practicar ese deporte extremo: si es político, es malo, como en los Yunes, todos en el mismo costal. Y así, entre la simplificación y el prejuicio, terminamos juzgando parejo, sin distinguir quién ha trabajado el distrito y quién apenas anda desempolvando las botas para la foto.
Por cierto, hablando de Yunes, ahí está Tato Vega Yunes, subsecretario de Sedecop, quien de pronto reactivó sus redes sociales y comenzó a dejarse ver entre la raza de bronce. No hace falta ser Sherlock Holmes ni tener lupa de detective de serie gringa para entender que este Yunes quizá esté calentando motores rumbo a una curul por Xalapa, sea local o federal. Porque en política, nadie se toma tantas fotos con ciudadanos nomás porque sí. La espontaneidad, en estos casos, suele venir cuidadosamente programada.
En Coatepec también empieza a moverse el tablero. Diego Castañeda, viejo conocido de los medios en sus años de “jumentud”, ya comenzó a promocionarse con las siglas DCA. Aunque, siendo francos, con poner DC hubiera sido más efectivo… con un aire de superhéroe: “¡Miren, llegó el Caballero de Coatepec!”. Pero más allá del detalle publicitario, es evidente que Diego trae la mira puesta en hacerla grande.
Y junto a él aparece otro nombre que no es nuevo en el paisaje político de la región: Carlos Marcelo Ruiz Sánchez. Sus cercanos lo ven más que listo para competir si al Verde le dejan alguna de las curules en alianza. El problema para ambos es que las posiciones, la federal y la local, hoy están en manos del PT. Y aunque eso le da cierta ventaja al petismo, tampoco significa que tengan la mesa puesta.
Porque una cosa es tener la curul y otra haber sembrado presencia. Adrián González Naveda, diputado federal, es de ésos que saben trabajar el distrito, llevar el compás y mover el pandero. El petista ha sabido mantenerse cerca de su territorio. En cambio, el diputado local Ramón Díaz Ávila carga todavía con una lista de promesas y pendientes que siguen esperando respuesta. Y en política, los pendientes no desaparecen: se acumulan, se recuerdan y un día regresan convertidos en votos… en contra.
Además, hay otro detalle: los grupos internos del PT en Coatepec no parecen precisamente listos para cantar “Somos novios”. Cada quien jala por su lado y eso podría abrir la puerta para que otros actores intenten colarse.
Más al sur, Cosamaloapan pinta para convertirse en otro campo de batalla interesante. Ahí manda Felipe Pineda Barradas, un legislador local que ha dado resultados y que ha construido liderazgo real en la región. Pero desde el Verde ya dejaron entrever que uno de los Herrera –Javier Herrera Borunda o Edgar Herrera Lendechy– podría ir por una curul en ese distrito.
Si la apuesta es por la diputación local, quizá el choque no sea tan fuerte. Pero si la intención es pelear la federal, ahí la cosa cambia. Porque enfrente tendrían a un Felipe Pineda que lleva años trabajando la plaza. Y por más apellido pesado que traigan los Herrera, una cosa es cargar un nombre conocido y otra muy distinta caminar un distrito. La política, como el béisbol, tiene algo cruel: el apellido ayuda a vender boletos, pero no garantiza carreras.
Por lo pronto, apenas se están asomando algunos. Faltan muchos más. La estufa política apenas empieza a calentarse y ya hay quienes se acercan demasiado al fuego, no vaya a ser que otro les gane el lugar en la parrilla.
Se asoman aspirantes
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