Ricardo Ravelo, ventea ingenios y agudezas. Riguroso consigo mismo de pies a cabeza.
Por sus venas corre el periodismo como una herencia genética, como una condena y como una vocación.
Porque ejercer este oficio en México es, desde hace décadas, uno de los oficios más peligrosos del mundo.
Desde estudiante se fijó una meta: conquistar la gran ciudad de México y destacar en los grandes medios nacionales.
Alcanzó la meta.
Durante años fue parte del semanario Proceso, en los tiempos que Don Julio Scherer García marcaba el rumbo ético del periodismo nacional.
Inquieto, riguroso consigo mismo, lector voraz, Ravelo se desconecta del mundo cuando investiga.
Entra en trance. Persigue datos, cruza documentos, reconstruye historias y no descansa hasta encontrar la verdad.
Veracruzano por los cuatro costados. Amante de la música. Capaz de soltar, de pronto, un “palomazo” sentimental o estruendoso.
Veracruzano auténtico, nacido en Carlos A. Carrillo (rumbero y jarocho), en la entraña de la Cuenca del Papaloapan.
Paisano del inolvidable José Piedad “El Vale” Bejarano (qepd), decimero de filigrana, sin escuela, sin ambiciones, pero con una sensibilidad inmensa.
Alguna vez el poeta mexicano Salvador Diaz Mirón, retó al “Vale” Bejarano, quien era un hábil rimador a cambio de alguna dádiva, a encontrar una rima con la palabra INDIO y esto fue lo que el “Vale” le contestó:
“Alguien por decir rindió
se equivocó y dijo rindio
no sé si es error o no
pero es consonante de indio
como usted me lo pidió.
Ravelo y el “Vale” compartían algo más que origen: compartían dignidad.
El primero eligió el camino más peligroso: especializarse en crimen organizado, seguridad nacional y corrupción política.
Un terreno donde sobran las amenazas y escasean las garantías. Donde cada línea publicada puede costar la vida.
Crítico feroz del abuso de poder, de los funcionarios cleptómanos, mediocres y torpes, Ravelo se convirtió en una pesadilla para muchos políticos.
Lo sueñan despiertos. Lo temen dormidos. Saben que su pluma no perdona.
Egresado de la Universidad Veracruzana– uno de sus hijos predilectos–, ha recibido reconocimientos dentro y fuera del país.
Posee una memoria prodigiosa y una capacidad quirúrgica para entrevistar: persigue, acorrala, insiste, hasta que la verdad se asoma.
Su libro número 12 “El Amo de Jalisco: un gobierno con estructura criminal”, es unaauténtica antología de imágenes, rostros y palabras.
Un documento incómodo. Una radiografía sin anestesia del poder. En sus páginas desnuda las actividades ilícitas de las autoridades jaliscienses.
Evidencia la relación entre delincuencia organizada y poder político. Retrata a un Enrique Alfaro soberbio, autosuficiente, convencido de su impunidad.
Puntualiza el autor que Jalisco se ha convertido en una región mortífera, donde las mafias controlan hasta el 80% de la estructura gubernamental. Que sus redes se han expandido por gran parte del país.
Habla sin rodeos, de una mafiocraciainstalada en México. Advierte sobre la posible participación directa del crimen organizado en procesos electorales, como ya ocurrió en 2021.
Por decirlo, su libro fue censurado en la FIL Guadalajara en 2023. Porque en este país, todavía, decir la verdad sigue siendo un acto subversivo.
Y ahí está el contraste.
Por un lado, Ravelo, un periodista valiente, incómodo, persistente. Por el otro, el exgobernador Alfaro, símbolo de un poder que se creyó intocable.
Dos tipos de cuidado.
Uno, porque denuncia. Otro, porque encubre. Uno, porque investiga. Otro, por su poder político. Uno, porque arriesga la vida. Otro, porque juega con ella.
Ravelo y “El Vale” Bejarano, cada uno en su trinchera, representan lo mejor del Veracruz profundo: alegría, sencillez, talento y coraje. Gente que no se dobla. Que no se vende. Que no se calla.
Implacable con la pluma para denunciar injusticias, por eso tuvo que salir a clarificar y precisar la cruda realidad.
Así de simple.
Pero también, así de preciso.
Historias similares
Menos reguetón y más “bachetón” municipal
Participa la presidenta Sheinbaum en el simulacro de sismo para la CDMX y Edomex
Sobrevuelos de aeronaves estadounidenses en Veracruz generan dudas sobre alcance y transparencia de la cooperación bilateral