Hoy, es su “cumple”, una fecha más del calendario, pero para mí es de suma importancia. Se trata de Paty, mi compañera de vida, mi woman como muchas veces le digo, porque es motor e inspiración, es soporte en los momentos difíciles (que han sido muchos) y es sonrisa y motivación en los momentos de alegría y de ilusiones que siguen viajando en el espacio de las añoranzas y sueños por compartir en una realidad complicada, pero que en su compañía, pareciera que un día cercano, puede ser una realidad tangible y transformadora.

Hoy, la abrazo como cada día, porque he de reconocer que es ella la que me ha enseñado a cuidar el uno del otro y a impulsar lo que puede ser, teniendo siempre presente que nada es posible sino es de la mano del Padre Celestial, porque es un Dios de vida y lo que nosotros tenemos que hacer es que esa vida transcurra en armonía sin dejar de tomarnos de la mano, siempre confiando en que los tiempos de Él son los perfectos y su bendición llega día con día, en cada nuevo amanecer.

Hoy, simplemente le digo a Paty: GRACIAS POR TODO lo que me has enseñado a vivir y, si, por lo mucho que aún nos queda por delante para estar juntos y en comunión con el regalo más grande que me has dado: nuestro hijo Alejandro.
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