A Paty Lobeira, no tengo el regocijo de conocerla. Jamás la he visto en persona. Pero conozco su trabajo, de su entereza y de su valor para enfrentar –sobre todo– su intrincada vida privada.
En la historia política de Veracruz pocas veces un enunciado logró condensar, con tanta claridad y emoción, el sentimiento de un servidor público hacia su terruño.
“Veracruz, te quiero” no fue una consigna vacía: fue una declaración de principios que nació como programa social y terminó por convertirse en identidad política.
Y fue precisamente Paty –conocida por muchos como la “Rubia de Oro”, quien tuvo la iniciativa de bautizar así un proyecto de cercanía social.
Nunca imaginó que, con el tiempo, ese eslogan la acompañaría hasta la codiciada presidencia municipal del Puerto de Veracruz, ese espléndido oasis con historia universal que mira al Golfo con orgullo y vocación cosmopolita.
Patricia Lobeira Rodríguez, licenciada en Derecho por la Universidad Cristóbal Colón, ganó la contienda pese a los golpes bajos de la grilla.
Con 105 mil 532 votos, equivalentes al 45.5%, se impuso a su más cercano adversario, Ricardo Exsome, abanderado de Morena.
No fue un triunfo menor: fue un mensaje claro del electorado.
Tuvieron que pasar muchos años para que una mujer brillara con luz propia en una campaña política porteña y, de paso, alcanzara una responsabilidad de tal envergadura.
Su lenguaje corporal y su comunicación verbal superaron en claridad y contundencia a la monserga alucinante que suele imperar en la arena pública. Transmitió buenas sensaciones; inspiró confianza. Carisma, inteligencia y belleza rara vez se conjugan con precisión en una funcionaria.
En Paty Lobeira esos atributos coincidieron y coadyuvaron para salir victoriosa.
Tuvo la oportunidad de trabajar en unidad para no fallarle al electorado que le otorgó su voto de confianza.
Como militante panista, su incursión fue notoria cuando desempeñó, en dos ocasiones y de manera honoraria, la presidencia del DIF de Boca del Río. “Veracruz, te quiero” la comprometió, le exigió y la impulsó a salir adelante.
Como alcaldesa, ejecutó acciones concretas: obras de infraestructura, desarrollo turístico y económico, programas sociales y de mantenimiento en los accesos de la ciudad, rehabilitación y limpieza de espacios públicos.
El reto fue mayúsculo. Veracruz, te quiero no admitió simulaciones.
Ante el incremento de contagios por Covid-19 en el Puerto, implementó medidas sanitarias firmes para evitar la propagación de la pandemia: uso obligatorio de cubrebocas en espacios públicos y cerrados, incluido el transporte.
Veracruz, te quiero, reitera.
Lo cierto es que ella, por sí sola, denotó mano firme y su carisma natural coadyuvó en su desempeño.
Por su sangre ligera gozó del respaldo incondicional de su gente.
No fue fácil.
El municipio que representó siempre ha sido un desafío para quien lo gobierna. Antes que nada, está la imagen del histórico Puerto ante el mundo y la necesidad de que el gobierno federal lo catapulte con recursos suficientes.
Paty necesitó de todos para hacer historia. Por su amor a Veracruz, convocó a la reconciliación de tirios y troyanos. Porque gobernar no es dividir, es unir.
Para ella fue un gran desafío.
Tuvo la tenacidad, valentía y resistencia, para luchar contra viento y marea.
Sus adversarios la atacan, pero las encuestas señalan todo lo contrario.
Para Mitofsky, Paty Lobeira cierra su administración con una alta aprobación ciudadana (55.0).
Trabajo y carisma, matan soberbia y desaliño.
Les guste o no les guste.

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