El presidente Donald Trump cambió la actitud arrogante de numerosos políticos mexicanos en el poder, que hoy viven con el Jesús en la boca.
Hay miedo y preocupación.
Los próximos escenarios prometen ser un vendaval con vientos similares al de un tornado.
Y no por los nombres que circulan en chats de WhatsApp ni por los memes furiosos de fin de semana, sino por una realidad mucho más tangible: la administración de Donald Trump ha ampliado el uso de herramientas diplomáticas y coercitivas que generan desasosiego entre funcionarios y líderes políticos.
Esto no es ficción. A fines de 2025, distintos reportes internacionales confirmaron que Estados Unidos revocó las visas de más de 50 políticos mexicanos, en su mayoría ligados al movimiento Morena, además de otros funcionarios públicos.
Aunque las autoridades estadounidenses no siempre publican los nombres de quienes pierden este privilegio, el efecto fue claro: paranoia e inquietud en círculos políticos que hasta hace poco veían el acceso a suelo estadounidense como un derecho casi automático.
En ese contexto, proliferan rumores y teorías sobre listas secretas, de nombres que “vendrán mañana”, y supuestos vínculos ideológicos con Caracas que justificarían represalias estadounidenses. Todo ello se mezcla con la intranquilidad por las políticas de Trump hacia Venezuela, donde su gobierno ha dado pasos extremos: desde designar al cártel de Los Soles y otras estructuras como organizaciones terroristas extranjeras, hasta liderar una intervención militar sin precedentes en enero de 2026 que dejó al presidente Nicolás Maduro bajo custodia estadounidense por cargos de narcotráfico y otros más.
La política exterior de los Estados Unidos no es un secreto. Trump mismo ha detallado la conformación de un equipo a cargo de lo que él llama la “transición política” en Venezuela, nombrando a figuras de su administración para supervisar el proceso.
¿Hay listas de políticos mexicanos o servidores de la 4T específicamente vinculados a Nicolás Maduro?
En los reportes verificados hasta ahora –según el colega Salvador García Soto– aparecen figuras como Gerardo Fernández Noroña y Dolores Padierna Luna, entre los nombres oficialmente señalados por Washington.
Hasta el momento, las acciones de Estados Unidos han mencionado a políticos mexicanos principalmente bajo sospecha de vínculos con el crimen organizado, y por afinidad ideológica con el régimen bolivariano.
Sin embargo, eso no ha detenido el clima de apocalipsis anticipado entre sectores de la llamada 4T.
En cierto segmento de opinadores y militantes, cualquier movimiento diplomático es interpretado como un ataque directo: “¡Nos van a sacar de la política!”, “¡Es una lista negra de la CIA!”,
“¡Ahora sí perdemos la revolución!”, resuenan en redes sociales sin respaldo fáctico.
Lo que importa —y aquí radica el contraste— es que la administración de Trump ha usado medidas legales y diplomáticas muy concretas, como la revocación de visas o sanciones económicas, para presionar o aislar a figuras políticas latinoamericanas que percibe como opuestas a sus intereses de seguridad.
Pero esto no equivale a conspiraciones ocultas, ni hay evidencia pública hasta ahora de que políticos mexicanos estén siendo formalmente acusados de delitos o que figuren en listas judiciales emitidas por Washington relacionadas con Venezuela.
La histeria, entonces, no brota de pruebas, sino de percepciones amplificadas por ecos ideológicos y miedo a lo desconocido.
Y como suele suceder, los espacios más ruidosos no siempre coinciden con la realidad que dictan los hechos.
Imagen de portada: Que es la paranoia? Causas y sintomatología – Chile Psicólogos
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