El operativo llevado a cabo por las fuerzas armadas de México demostró que nadie ni nada está por encima de la fuerza legítima del Estado en defensa de los intereses de la población, nada ni nadie – que presuma poderío militar y económico – es más fuerte que el Estado, una vez más se demuestra que la colaboración y coordinación con agencias de inteligencia de Estados Unidos son el “arma” más eficaz para debilitar a los grupos del crimen organizado.
Lo cierto es que hay 2 líneas de acción que le dan fuerza al crimen organizado: su alianza con la clase gobernante – sean del partido que sean – y su bonanza económica gracias a esa protección que se les otorga desde las altas esferas del poder político, esa es la realidad de los grupos que se encuentran al margen de la ley, no se logrará tener éxito real si solo se aprieta un botón, aniquilar o “dar de baja”– como suelen decir cuando abaten o sacar de circulación a un integrante de algún grupo criminal – y no se manda un contundente mensaje a todos aquellos que participan en la política nacional: “serás dado de baja no importa de que color traigas el chaleco si eres cómplice del mal”.
Ayer las fuerzas armadas se vistieron de gloria y – lamentablemente – hubo un alto costo de pérdida de vidas humanas entre ellos 25 militares, sin embargo, también es cierto y hay que reconocer el trabajo institucional realizado, también es cierto que no hay que bajar los brazos en una mayor y mejor coordinación con Estados Unidos más allá de discursos patrioteros y nacionalistas.
Los mexicanos no queremos un regreso a la estrategia de Felipe Calderón pero tampoco a la estrategia del primer gobierno de morena encabezado por AMLO, ni atizar el “avispero” sin ton ni son pero tampoco la política de “abrazos no balazos”, pretexto para ocultar posibles alianzas entre la clase política y los grupos del crimen organizado.
Los mexicanos de bien seguro se han preguntado más de una vez, ¿acaso el crimen está más organizado que el gobierno en turno? ¿Acaso debe existir la presión de EU para demostrar que el Estado es fuerte? Y por simple curiosidad también el pueblo de México se pregunta: ¿acaso un político del partido en el poder es más “fuerte” que uno de los narcotraficantes más poderosos del mundo?
En su momento cayó Joaquín “El chapo” Guzmán, en otro momento cayó Ismael “El Mayo” Zambada, se han entregado un número importante de delincuentes de alto perfil en el mundo del narcotráfico, es cierto, aún falta por hacer mucho más para pacificar al país, ¿acaso llegó la hora de ajustar cuentas con la clase gobernante?
Los discursos triunfalistas no deben de callar un reclamo ciudadano, desmantelar las redes de complicidad entre el poder político y el crimen organizado debe ser el siguiente paso, no solo someter al imperio de la Ley a funcionarios públicos de nivel medio sino asumir el costo social y político de acusar y sancionar a aquellos funcionarios de alto nivel que presumen la protección oficial sin rubor alguno, aquellos que aplauden el operativo llevado a cabo por las fuerzas del orden pero no aceptan que pongan orden entre la clase política.
Es la hora que todas las fuerzas políticas, -actuales y futuras – reconozcan el trabajo llevado a cabo por el Estado sin escatimar reconocimiento alguno, es la hora que todos los sectores sociales cierren filas con el poder ejecutivo, es la hora que el Congreso de la Unión aplauda toda acción de gobierno que busque poner orden y seguridad en el país, sin embargo, que esos aplausos y ese reconocimiento no sean una patente de impunidad para aplaudir con una mano y traicionar la confianza otorgada con la otra.
El escenario actual en México no da cabida para que quienes tienen una alta responsabilidad dentro del Estado “juegue” al futurismo político, sin 26 no hay 27 y sin 27 no hay 30, ¿qué significa esto? Que todos deben asumir el compromiso de “guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen” sin pensar en los costos sociales o políticos que se deban “pagar” cuando el cumplimiento de las responsabilidades institucionales “afecten intereses” de personajes al interior del círculo político que están saboreando las mieles del poder y ríen a carcajadas.
“Acompañar” a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo no está a discusión, aplaudir al Ejército por acciones en defensa de la Soberanía nacional es un orgullo, el país tiene muchos retos y demandas que atender y superar, nada se logrará sin un verdadero Estado de Derecho, ahí radica la importancia de un Poder judicial independiente a interés ajenos a su razón de ser.
P.D.- Con el ánimo que las palabras del Secretario de la Defensa Nacional Ricardo Trevilla Trejo: “Se puede ver desde muchas ópticas, pero es definitivo que cumplieron su misión. ¿Y qué es lo que se demostró? La fortaleza del Estado mexicano. De eso no hay duda”. Lleguen a oídos de la clase gobernante de todo el país y de todos los colores partidistas…Escribiré otro día.
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