marzo 16, 2026

En Esta Hora

Porque la noticia… no puede esperar

MUERTE SIN DOLOR

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En política, como en la medicina, existen procedimientos para provocar una muerte sin dolor.

La diferencia es que, mientras en la medicina se intenta evitar el sufrimiento físico, en la política se procura esquivar el costo político.

Y para ello existe una herramienta muy eficaz: la propaganda.

En los últimos meses hemos visto cómo diversos medios de comunicación difunden encuestas que colocan a la presidenta Claudia Sheinbaum en niveles de aprobación extraordinarios, casi celestiales.

Pero… no todo lo que brilla es oro.

Porque, lo que no se dice con la misma intensidad —o simplemente no se dice— es que varios de esos medios tienen contratos multimillonarios con el gobierno federal. Contratos que, naturalmente, generan incentivos muy claros: cuidar la narrativa, suavizar la crítica y amplificar la aprobación.

No es un fenómeno nuevo.

El poder siempre ha buscado domesticar a la prensa mediante el presupuesto público.

Pero hoy el mecanismo parece operar con una precisión quirúrgica.

El medio que aplaude recibe publicidad oficial. El que incomoda pierde contratos. Y el periodista que molesta demasiado, simplemente desaparece de la tv, la radio o de los medios impresos.

En ese contexto, la presidenta ha presumido como un triunfo político una encuesta levantada para medios del grupo español PRISA, utilizándola como supuesto aval ciudadano para impulsar su reforma electoral.

Pero lo que se presenta como respaldo popular se parece más a un ejercicio publicitario que a una medición objetiva del ánimo nacional.

El gobierno necesita esa promoción. Y la requiere porque, lejos de la narrativa oficial, el respaldo ciudadano ha comenzado a erosionarse.

Desde que asumió el poder hasta febrero de este año, la presidenta ha perdido alrededor de catorce puntos de aprobación.

No es un desplome, pero sí una tendencia que en política se observa con lupa.

De ahí la urgencia por una reforma electoral profunda.

El objetivo real parece evidente: asegurar mayorías legislativas sin necesidad de obtener triunfos contundentes en las urnas.

Morena busca consolidar un control estructural del Congreso que le permita gobernar con comodidad, incluso si el respaldo popular comienza a diluirse.

Y en ese rediseño del sistema político se instrumentó un movimiento particularmente revelador: la posible desaparición del Partido Verde y del Partido del Trabajo como fuerzas autónomas.

No sería una eliminación abrupta. No habría confrontación pública ni ruptura dramática. Sería, más bien, una muerte asistida. Una muerte política sin dolor.

El procedimiento consiste en absorber a sus votantes, negociar incentivos en metálico, ofrecer posiciones, candidaturas o incluso gubernaturas.

A cambio, los partidos aliados aceptan diluirse, suicidarse políticamente y entregar su base electoral al partido dominante.

Morena consolidaría así su hegemonía mientras sus aliados desaparecen con una sonrisa institucional. Una eutanasia política perfectamente administrada.

Mientras, la propaganda continúa repitiendo que todo marcha bien, que la aprobación presidencial es sólida y que las reformas responden al clamor popular. Pero la realidad política rara vez coincide con la narrativa oficial.

Porque cuando un gobierno necesita gastar millones para convencer a la gente de que es popular, quizá lo que está ocurriendo es exactamente lo contrario.

Y entonces la pregunta deja de ser si habrá reforma electoral. La verdadera consulta es a quién intentaron preparar una muerte sin dolor.

Porque los pacientes ya recibieron de gobernación sus “dosis” para seguir con vida (preservando sus privilegios a un alto costo político) y evitar, simultáneamente, una fractura mayor en la coalición.

Los “enanitos” políticos resistieron el golpeteo y, finalmente, salieron en hombros por cortar orejas y rabo.

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