De acuerdo con las nuevas regulaciones sobre el funcionamiento de las cafeterías o tienditas escolares, a partir del lunes 31 de marzo se debió dejar de vender la comida chatarra como refrescos, botanas, galletas empacadas, golosinas y pastelitos, todo tipo de alimento que tenga sellos negros de alerta.
Si bien la Secretaría de Educación publicó en sus páginas y redes sociales el ejemplo de menú y recetario de alimentos saludables que se pueden fabricar y vender en las tienditas, la realidad es que por esta medida de prohibición, hay un colapso en el funcionamiento diario tanto en las familias como en las escuelas.
Nadie está en contra de combatir la terrible condición de obesidad y mala nutrición de los niños y jóvenes estudiantes, nadie.
Pero lo sucedido con el fin de estos productos en escuelas, hay que analizarlo por los impactos provocados desde al menos, 2 entornos: Al interior de las familias y sus costumbres.
En la mayoría de los hogares, ahora papá y mamá deberán fabricar y enviar el desayuno a los hijos. Pero en la mayoría de los hogares y por rapidez, se utilizarán insumos chatarra como el pan blanco, los jamones, quesos, mayonesas y demás ingredientes que ¡tienen hasta 3 sellos de alerta!
Además, sobre todo en hogares de padres multitrabajadores, en lugar de jugos naturales se utilizarán polvos de sabor con sellos para el agua o leche y que se llevarán los hijos a la escuela. Más sellos negros.
Y por la tarde, ya en casa, los niños y jóvenes podrán comprar la chatarra que quieran y que inundan las tiendas de conveniencia de las esquinas.
Y desde el lado de los colegios, dejar de vender este tipo de productos, le pegó muy duro en sus ingresos diarios. Por lo general, los ingresos de las cooperativas o cafeterías escolares se utilizan para pagar gastos operativos como limpieza, energía eléctrica, teléfono e internet, entre otros. Ahora deberán ganarlos de otra forma.
Porque la mayoría de las cafeterías escolares en las primarias, por ejemplo, no tienen la infraestructura necesaria para fabricar los alimentos que recomienda el recetario de la SEP, como son los caldos, guisos y aguas. Nada frito como picadas, gordas o memelas.
Esta nueva realidad les obligará a invertir recursos para la conversión de las cafeterías. ¿Los tienen?
Por cierto, esta medida de eliminar la comida chatarra aplica también al nivel superior.
¿Las universidades lo cumplirán? Por qué sus alumnos ya son mayores de edad y de libre albedrío.
Es una buena medida y era necesaria.
¿Estábamos preparados para recibirla?
Aún queda mucho que revisar.
¿O usted qué opina?
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