La disminución de remesas desde Estados Unidos, la baja confianza empresarial, el inicio de la renegociación del TMEC y la inflación elevada generan presiones negativas sobre el consumo, la inversión y el crecimiento del PIB de México en 2026.
La caída de remesas, estimada en un 5% para 2025 (alrededor de 61 mil millones de dólares), ha reducido el consumo de hogares en regiones dependientes como Chiapas, Guerrero y Michoacán, donde representan más del 10% del PIB local, limitando la demanda interna y agravando la pobreza. Factores como las políticas migratorias restrictivas de Trump, debilidad laboral en EE.UU. y la apreciación del peso amplifican el impacto al erosionar el poder adquisitivo de las familias receptoras en el país.
El impacto en el consumo en México es importante, pues las remesas representan cerca del 5% del consumo privado nacional y hasta 44% del gasto en hogares receptores (11.3% de familias mexicanas), destinadas a bienes cotidianos; su caída de 3.700 millones de dólares en 2025 provocó contracción en la demanda interna, especialmente en el sur del país. Por otro lado, la apreciación del peso reduce aún más el poder adquisitivo, afectando compras esenciales y canales informales de envío.
En cuanto al impacto en la disminución de la pobreza en 2024, las remesas sacaron de la pobreza a 1.1 millones de personas en estados como Guanajuato (170 mil), Veracruz (96 mil) y Michoacán (95 mil); la caída actual complica estos esfuerzos, elevando tasas de pobreza extrema en regiones donde superan el 10% del PIB local. Estudios muestran reducciones históricas de 9.7-11.5% en pobreza rural gracias a las remesas, pero la tendencia descendente revierte avances en movilidad social.
A lo anterior hay que sumarle la baja en la confianza empresarial, pues el indicador de confianza empresarial cayó a 48.3 puntos en noviembre 2025, su nivel más bajo en tres años, lo que desincentiva inversiones en sectores como construcción (-7.9 puntos en percepción de inversión) y manufactura. Esto contribuye a la desaceleración del PIB (proyectado en 0.4% para 2025), estancamiento de la inversión fija y menor creación de empleo, en un contexto de incertidumbre interna y externa.
Otro elemento complejo, caracterizado por la incertidumbre y por el escenario internacionl, lo es la renegociación del TMEC. El proceso inició con consultas públicas en EE.UU. en octubre 2025 y revisiones formales en julio 2026, generando volatilidad por aranceles impuestos por Trump en migración, fentanilo y comercio con China, afectando exportaciones manufactureras (especialmente de autos). Esto elevando los riesgos de cautela de inversionistas, así como la contracción en regiones norteñas, aunque México busca robustecer cadenas de suministro norteamericanas.
Por último, La inflación general se proyecta en 3.9-4.2% para 2026, por encima del 3% meta de Banxico, impulsada por aumentos salariales, aranceles e impuestos, lo que encarece costos laborales y reduce márgenes empresariales. Esto presiona al alza las tasas de interés (hacia 6.5%), frena el consumo y complica recortes monetarios, contribuyendo a un crecimiento PIB modesto de 0.8%
En suma amigo lector, todo indica que el año que recién inicia será un año cargado de incertidumbre y turbulencia y esperemos que las autoridades mexicanas esten a la altura de los retos que día tras día determinará la economía intimamente relacionada al desarrollo económico que por décadas han impulsado la economía mexicana.
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*Maestro en comunicación por la Universidad Iberoamericana, de la cual formó parte del cuerpo académico de la Licenciatura en comunicación, así como de la Universidad Anáhuac, campús norte de CDMX.
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