En Veracruz la ironía ha alcanzado niveles celestiales.
El gobierno de la llamada Cuarta Transformación, que se jacta de combatir la corrupción y servir al pueblo, tiene hoy a su propio santo de la limpieza política: Eric Domínguez, el segundo de a bordo en la secretaría de Finanzas del estado, convertido en una mala copia de San Martín de Porres del poder o, mejor dicho, el Fray Escoba de la 4T.
Durante su más reciente aparición pública, el funcionario recorrió la zona devastada por las lluvias en Poza Rica, rodeado de guaruras, cámaras y oportunos testigos.
Con gesto compasivo y una escoba en la mano, repartió utensilios de limpieza entre familias que perdieron casi todo.
“No están solos nuestros hermanos”, dijo, mientras posaba para la foto.
El mensaje era claro: donde el estado falla, llega el redentor…aunque sea con escobas en lugar de recursos.
Pero detrás de ese halo caritativo se esconde una operación política con olor a polvo viejo.
En el norte de Veracruz, el hiperactivo funcionario se ha convertido en la “barredora política” de la región del Totonacapan y Poza Rica. Decide quién entra y quién sale de los cargos municipales, quién recibe ayuda y quién se queda en la orilla.
Barre a sus adversarios con la misma devoción con la que limpia su imagen en redes sociales.
No lo hace solo. Su brazo operativo es José Miguel Santoyo, el ex director de la Policía Municipal durante su gestión como alcalde, y su respaldo más oscuro es el Grupo Sombra, un colectivo que los lugareños conocen bien y temen más.
Fuentes cercanas al propio gobierno confirman que desde esas estructuras se coordinan acciones de presión, intimidación y control político.
Mientras tanto, la violencia crece sin freno en Papantla, Poza Rica y Álamo.
Los asesinatos se multiplican, los desaparecidos se cuentan por decenas y las comunidades sobreviven entre la desesperanza y la impunidad.
Pero el gobierno estatal prefiere mirar hacia otro lado, ocupado en mantener limpio el relato, aunque la realidad se desborde como los ríos.
Eric Domínguez representa el nuevo símbolo del poder en Veracruz: la política de la escoba, esa que barre la miseria visible y esconde la basura estructural.
En nombre de la transformación, se perpetúan los mismos vicios de siempre: el clientelismo, el miedo y la simulación.
Porque si algo ha demostrado la 4T en Veracruz es que no basta con barrer el lodo: hay que reconocer quién lo provoca.
Y ahí, Fray Escoba guarda un silencio tan pulcro como sospechoso.
Si Adán Augusto pudo crear su “Barredora” de donde obtuvo –cuentan sus adversarios—negocios jugosos, la señora Nahle no se quiso quedar atrás: tiene a su San Martín de Porres (a quien seguramente le pedirá favores empíreos) llamado cariñosamente “Fray Escoba”, porque siempre se encuentra “barriendo y limpiando”.
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El therián moreno