Ciudad de México.- Hoy, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó la entrada en vigor de aranceles del 25% sobre todas las importaciones provenientes de México, una medida que marca un punto de inflexión en la relación bilateral entre ambos países. Esta política, que entra en vigor este mismo 4 de marzo de 2025, responde a la promesa de campaña de Trump de utilizar herramientas económicas para presionar a México y Canadá en temas de migración y tráfico de fentanilo; sin embargo, las consecuencias de esta decisión reverberan más allá de la frontera, afectando la economía mexicana, la integración regional y el delicado equilibrio comercial entre las dos naciones.
Contexto de la medida
La imposición de estos aranceles fue anunciada oficialmente el pasado 1 de febrero, cuando Trump firmó una orden ejecutiva que establecía un gravamen del 25% a bienes mexicanos y canadienses, acompañado de un 10% a productos chinos. Tras un mes de negociaciones y una suspensión temporal acordada con la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, el plazo de gracia expiró sin que se llegara a un acuerdo definitivo. Trump, por la mañana, justificó la medida en su red Truth Social, afirmando: “No podemos permitir que esta plaga [de fentanilo] continúe dañando a Estados Unidos”. A pesar de los esfuerzos mexicanos por reforzar la seguridad fronteriza con 10,000 elementos de la Guardia Nacional, la Casa Blanca consideró insuficientes las acciones y procedió con la implementación.
Impacto económico en México
El impacto económico para México se prevé severo, especialmente porque más del 80% de sus exportaciones —equivalentes a unos 490,000 millones de dólares en 2023— se dirigen al mercado estadounidense. Sectores clave como la industria automotriz, que exportó vehículos y autopartes por más de 150,000 millones de dólares el año pasado, enfrentan un encarecimiento significativo, lo que podría reducir su competitividad y provocar una caída en la producción. Expertos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) estiman que, de mantenerse los aranceles, el PIB mexicano podría contraerse hasta un 1.5% en el corto plazo, con una pérdida potencial de hasta 4.5 millones de empleos en sectores exportadores según la Asociación Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC).
La agroindustria, otro pilar económico, también está en la mira. México es el mayor proveedor de frutas y verduras de Estados Unidos, con exportaciones valoradas en 46,000 millones de dólares anuales. Productos como aguacates, tequila y carnes podrían enfrentar una menor demanda en el mercado estadounidense debido al aumento de precios, lo que obligaría a los productores a buscar mercados alternativos o absorber pérdidas. Además, una depreciación proyectada del peso mexicano de hasta un 10% podría agravar la inflación interna, afectando el poder adquisitivo de las familias.
Repercusiones en la relación bilateral
La decisión de Estados Unidos tensiona aún más una relación ya marcada por desencuentros. El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), que entró en vigor en 2020, queda en entredicho, ya que los aranceles violan el espíritu de libre comercio que sustenta el acuerdo. La presidenta Sheinbaum ha advertido que México responderá con “medidas espejo” si no hay avances en las negociaciones, lo que podría escalar el conflicto a una guerra comercial. Marcelo Ebrard, secretario de Economía, señaló que “estos aranceles son un balazo en el pie para ambos países”, destacando que México importa más acero de Estados Unidos de lo que exporta, lo que sugiere que las represalias mexicanas podrían dañar también a productores estadounidenses.
La confianza mutua, ya frágil tras años de disputas por migración y seguridad, se erosiona aún más. México ha intentado demostrar su compromiso con datos como la reducción del 76% en flujos migratorios desde diciembre de 2023 y el mayor decomiso de fentanilo en su historia en diciembre pasado; no obstante, la postura inflexible de Trump sugiere que las demandas van más allá de resultados tangibles, utilizando los aranceles como una herramienta de presión política.
Consecuencias para ambos países
Para Estados Unidos, los aranceles tendrán un costo interno. Los consumidores estadounidenses enfrentarán precios más altos en bienes esenciales como alimentos, gasolina y productos electrónicos, dado que México y Canadá representan el 29% de sus importaciones. Un ejemplo histórico es el “efecto lavadora” de 2018, cuando los aranceles de Trump a electrodomésticos elevaron sus precios un 12%. Analistas de Tax Foundation estiman que los hogares estadounidenses podrían pagar hasta 830 dólares adicionales en 2025 por esta nueva ronda de tarifas.
En México, la incertidumbre desalienta la inversión extranjera, especialmente en regiones industriales como Monterrey, que exportó más de 55,000 millones de dólares a Estados Unidos en 2023. La revisión del T-MEC programada para 2026 podría convertirse en un campo de batalla diplomática, debilitando la integración económica de América del Norte frente a competidores como China o la Unión Europea.
Perspectivas y desafíos
Aunque México cuenta con fundamentos macroeconómicos sólidos para resistir el impacto inicial, su dependencia del mercado estadounidense lo hace vulnerable. La estrategia del gobierno mexicano será clave: diversificar mercados, fortalecer la economía interna y negociar con firmeza sin ceder soberanía. Para Estados Unidos, el riesgo es aislarse de sus aliados más cercanos, perdiendo competitividad global en un momento de crecientes tensiones geopolíticas.
Los aranceles del 25% marcan el inicio de una etapa de incertidumbre para México y Estados Unidos. Más allá de los números, el verdadero costo podría medirse en la desconfianza y la fractura de una relación que, durante décadas, ha sido un motor de prosperidad compartida. El 4 de marzo de 2025 no solo señala la entrada en vigor de una política económica, sino el comienzo de un desafío que pondrá a prueba la resiliencia de ambos países.
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