Veracruz no es pobre por falta de recursos, es pobre por falta de planeación basada en evidencia. Durante décadas, los municipios han invertido millones en obras irrelevantes para el desarrollo económico mientras ignoraban la infraestructura estratégica que genera empleo, riqueza y bienestar. El Atlas Municipal de Equipamiento Urbano Estratégico no es un libro más: es una radiografía del rezago y una hoja de ruta para que los ayuntamientos dejen de improvisar y comiencen a gobernar con ciencia y perspectiva territorial.
Desde hace más de veinticinco años estudio los municipios del estado de Veracruz. La evidencia es contundente: salvo contadas excepciones, los municipios no registran crecimiento económico significativo, independientemente del partido político que gobierne. La grandeza económica de Veracruz se ha erosionado de manera sistemática. El subsector agropecuario, que en algún momento aportó más del 14% del PIB estatal, hoy contribuye menos del 5%. En un contexto de crisis alimentaria global, esta caída no es solo un indicador económico: es una vulnerabilidad estratégica, pues Veracruz enfrenta una crisis alimentaria.
El sector industrial mantiene una baja capacidad de absorción de la Población Económicamente Activa (alrededor del 19.5%), dominado por micro empresas que representan más del 94 % de las Unidades Económicas (UE) en la entidad, las cuales emplean a menos de diez trabajadores. El sector terciario crece, pero impulsado por la informalidad (65%) y la migración campo-ciudad, no por una estrategia deliberada de desarrollo.
Paradójicamente, Veracruz posee una ventaja territorial excepcional: 9 metrópolis, de las cuales siete son Zonas Metropolitanas (ZM) que generan cerca del 80% del PIB estatal y concentran el 46% de la población. Ninguna otra entidad del país, salvo Coahuila (con 4 ZM), tiene un sistema metropolitano con tal potencial. Sin embargo, la ausencia de una política de desarrollo regional ha profundizado las contradicciones urbano-rurales, sociales, económicas, ambientales y de infraestructura. En este contexto, la pregunta es inevitable: ¿por qué no crecen los municipios si existe liquidez económica metropolitana, que por sueldos y salarios suman más de 24 mil millones mensuales? Las causas estructurales son claras: primero, existe una fuga masiva de liquidez hacia empresas transnacionales y otras entidades federativas que producen lo que Veracruz dejó de producir tras el abandono del subsector agrícola. Segundo, no existe una estrategia de desarrollo regional basada en integración funcional intermunicipal. Veracruz sigue planeando con esquemas sectoriales y administrativos obsoletos, ignorando la lógica de Regiones Metropolitanas y cadenas productivas territoriales. Tercero, se ha abandonado la inversión en infraestructura y equipamiento urbano estratégico. La mayoría de los municipios repite el patrón de sus antecesores: domos, parques remodelados, banquetas y guarniciones, sin ninguna intencionalidad económica. Son obras políticamente visibles, pero económicamente irrelevantes.
El Atlas Municipal de Equipamiento Urbano Estratégico fue concebido para responder la pregunta fundamental de la planeación municipal: ¿en qué debe invertir un municipio para generar crecimiento económico y empleo? Este Atlas es un sistema integral de información territorial, construido con base en teorías contemporáneas de economía regional: Base Exportadora; Polos de Crecimiento; Lugar Central; Economía del Conocimiento; Comercio Interregional; Desarrollo Endógeno; Complejidad Económica; Economía Naranja; Economía de los Servicios, entre otras.
La obra integra diagnósticos, matrices taxonómicas y mapas que muestran el déficit real de infraestructura estratégica en los 212 municipios del estado (uno por uno). Analiza rubros críticos como comercio y abasto, administración pública, servicios urbanos, salud, educación, cultura, deporte, turismo, innovación, logística y actividades de alto valor agregado.
Es una radiografía del rezago, pero también un manual para invertir con inteligencia territorial. En otras palabras, es necesario señalar que en los últimos años ha proliferado una industria de despachos que venden planes municipales prefabricados, plagios reciclados y diagnósticos genéricos. Muchos de ellos forman parte de redes de poder político que presionan a los ayuntamientos para contratar documentos que cumplen un trámite, pero no transforman realidades.
Invertir en equipamiento urbano estratégico no es una opción estética, es una política económica. Parques industriales, centros logísticos, mercados regionales, centros de capacitación laboral, nodos de innovación, infraestructura turística especializada, espacios culturales productivos y sistemas de abasto regional son los verdaderos motores del desarrollo local. Justamente por ello es que el Atlas permite identificar qué infraestructura falta en cada municipio y región, con base en una taxonomía rigurosa del equipamiento urbano. No se trata de gastar, sino de invertir con visión territorial, económica y social.
Veracruz enfrenta un dilema histórico en el periodo 2026–2029: continuar con la improvisación, el plagio y la obra irrelevante, o asumir la planeación basada en evidencia como política de Estado. Los alcaldes que utilicen el Atlas para invertir estratégicamente podrán activar crecimiento económico, generar empleo y reducir la pobreza. Los que lo ignoren seguirán inaugurando domos mientras sus municipios expulsan población, pierden competitividad y dependen del asistencialismo. La planeación municipal ya no puede seguir siendo un negocio de despachos de simulación ni una extensión del clientelismo político. Debe convertirse en una política pública sustentada en ciencia territorial. El Atlas no promete milagros, pero ofrece algo más valioso: información para gobernar con inteligencia y romper, por primera vez en décadas, el ciclo del rezago municipal en Veracruz.
Comentarios al siguiente correo: rvelam_1@hotmail.com
Historias similares
El regreso de Pepe Yunes, “Somos México” y el ajedrez rumbo a 2030
Ahued, por el buen camino
Centenario del natalicio del Dr. Miguel León-Portilla, 22 de febrero de 1926