enero 14, 2026

En Esta Hora

Porque la noticia… no puede esperar

Después del sismo, el tsunami

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Históricamente la incursión militar de los Estados Unidos en Venezuela es una más de las estrategias del imperialismo yanki para resolver intrincados asuntos de geopolítica continental; a la vez, representa la fría expresión del redivivo propósito de la Doctrina Monroe: “América para los americanos”. Sustraer de su país al dictador Nicolás Maduro y quitarlo de ese gobierno era un asunto solo de tiempo, la magnitud del movimiento de su armada no consistía en pescar un charal sino un depredador gigante, de otro modo, se trata de un movimiento geopolítico con implicaciones en todo el continente americano, particularmente en el Caribe y el Golfo de México. Nada de secreto tiene esa acción y sus consecuencias, incluyendo la elocuente referencia a México, aparentemente innecesaria: «Somos muy amigos de ella», (la presidenta Sheinbaum). «Es una buena mujer, pero los cárteles controlan México. Ella no controla México». ¿Era necesaria esa alusión? Donde mejor conocen la respuesta es en palacio nacional y en Washington.

El gobierno de los Estados Unidos tiene información de inteligencia respecto a México en abundancia, El Chapo, El Mayo Zambada, los hijos del chapo y decenas de capos más procesados en el país del norte habrán proporcionado detalles de todas sus operaciones, los personajes de la empresa y de la política involucrados en sus ilícitas actividades, no blofea Trump cuando declara respecto a México. Cuba debe preparase para el tsunami provocado por la detención de Maduro, su pilar de sostenimiento desde años atrás, ya no lo tendrá, y se duda lo pueda reponer con algún país amigo en el continente americano; ya sufre estragos por crisis energética, que sin duda se agravará en lo inmediato. Es apropiada la posición de nuestro país en este conflicto: “Con base en sus principios de política exterior y en su vocación pacifista, México hace un llamado urgente a respetar el derecho internacional, así como los principios y propósitos de la Carta de la ONU, y a cesar cualquier acto de agresión contra el gobierno y pueblo venezolanos”. No podría ser de otra manera, aunque como suele suceder, “palo dado…”. Para la generación de mexicanos que vivimos los pormenores de la invasión americana a Bahía de cochinos en 1961 en Playa Girón; la crisis de los misiles, en 1962, los kilométricos discursos de Castro Ruz pronunciados desde la Plaza de la Revolución en defensa de la soberanía y contra el imperialismo yanki, manteniendo a sus espaldas el poderío soviético a su favor; la Revolución que derrocó a Somoza en Nicaragua, cuyos líderes están ahora entronizados en la férrea dictadura que devasta a ese país; el derrocamiento de Allende en 1973, el ascenso de Chávez y de Evo Morales, las presidencias de Lula en Brasil, la “maldición” de los Kennedy, toda la transición mexicana hasta la llegada de López Obrador, y muchos eventos de trascendentales consecuencias, la captura de Nicolás Maduro se suma a la de Noriega en Panamá, de Morales en Honduras, y, como dijera el clásico de Siempre en Domingo: “Aún hay más”.   

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