enero 14, 2026

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Bolivia da un giro histórico: Rodrigo Paz pone fin a dos décadas de dominio izquierdista en las urnas

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La Paz, Bolivia. – En un balotaje presidencial que marca el ocaso de una era, el senador centroderechista Rodrigo Paz Pereira, del Partido Demócrata Cristiano (PDC), se impuso con el 54,5% de los votos válidos frente al 45,5% de su rival conservador, el exmandatario Jorge “Tuto” Quiroga, de la Alianza Libre. Con más del 98% de las actas escrutadas por el Tribunal Supremo Electoral (TSE), la tendencia se considera “irreversible”, según el presidente del organismo, Óscar Hassenteufel. Por primera vez en casi 20 años, Bolivia despide al Movimiento al Socialismo (MAS) –el partido que gobernó desde 2006 bajo Evo Morales y Luis Arce–, inaugurando un capítulo de reformas de mercado y apertura económica en un continente marcado por la marea izquierdista.

La jornada electoral transcurrió con normalidad en los 39.000 colegios de votación, pese a la crisis económica que azota al país: colas interminables por combustible, inflación galopante del 23% anual y reservas de dólares al borde del colapso. Alrededor de 7,9 millones de bolivianos –incluidos los expatriados en 22 países– ejercieron su derecho al voto, en un proceso calificado de “pacífico” por observadores internacionales como la Unión Europea y la OEA. Quiroga, quien lideraba las encuestas previas, reconoció la derrota en un discurso conciliador desde La Paz, aunque reservó el derecho a revisar actas hasta la oficialización el jueves. “El alma está partida, pero respetamos la voluntad del pueblo”, declaró el ex presidente (2001-2002), quien prometió una “transición ordenada”.

Un outsider que rompe el molde izquierdista

Rodrigo Paz, de 58 años, economista e hijo del exmandatario Jaime Paz Zamora (1989-1993), emergió como la sorpresa de estas elecciones. En la primera vuelta del 17 de agosto, ya había liderado con el 32,44% de los sufragios, relegando al MAS a un humillante tercer lugar con apenas el 3,16% para su candidato Eduardo del Castillo.

Su fórmula –acompañada por el exministro Edmundo Lara como vicepresidente– conquistó seis de los nueve departamentos, incluyendo bastiones tradicionales del MAS como La Paz y Oruro, según el mapa de resultados preliminares del TSE.

En las calles de la capital, cientos de seguidores del PDC celebraron con cánticos y banderas, congregados frente al Hotel Presidente a la espera del primer discurso del electo.

Paz, quien asumirá el 8 de noviembre para el período 2025-2030, representa un “capitalismo para todos”: propone eliminar gradualmente los subsidios a los combustibles –que drenan las arcas estatales–, legalizar el mercado negro de dólares para estabilizar la moneda y redistribuir el 50% de los recursos fiscales a regiones y municipios.

“Somos la voz de los que no aparecíamos en las encuestas, de los que no tenían voz”, proclamó tras su victoria inicial en agosto, un mensaje que resonó en un electorado exhausto por la corrupción y el estancamiento.

Su bancada controlará 49 de los 130 escaños en la Cámara de Diputados, pero sin mayoría absoluta, lo que anticipa un Congreso fragmentado donde deberá negociar con aliados de centro y derecha.

El MAS, fracturado por la pugna entre Morales y Arce –quien optó por no reelegirse–, pagó caro su desgaste. El expresidente Morales, inhabilitado para competir, llamó a boicotear las urnas, lo que se tradujo en un 19% de votos nulos o blancos en la primera vuelta, un récord histórico.

“Los bolivianos alcanzaron una inédita segunda vuelta con dos candidatos de la derecha debido a la mala gestión del Gobierno de Arce”, admitió Andrónico Rodríguez, presidente del Senado y excandidato masista.

El partido, que redujo su representación legislativa a solo 10 escaños, enfrenta ahora una rearticulación interna de cara a las regionales de 2026.

Un giro ideológico en el corazón andino

Este resultado no es solo una elección: es el fin de la “marea rosa” en Bolivia, el último bastión izquierdista en un continente donde Brasil, Colombia y Chile ya viraron hacia el centro-derecha. Desde el boom de commodities en los 2000, el MAS impulsó políticas indigenistas y estatistas que sacaron a millones de la pobreza, pero que derivaron en hiperinflación, escasez y acusaciones de autoritarismo –como el fraude electoral de 2019 que forzó la renuncia de Morales.

Analistas como Glaeldys González Calanche, de International Crisis Group, lo llaman un “punto de inflexión”: “Bolivia regresa a políticas de mercado de los 90, con apertura económica y menos desigualdad extrema, pero sin el populismo que dividió al país”.

El nuevo gobierno priorizará la estabilización: Paz promete atraer inversión privada sin recurrir al FMI –visto con recelo tras décadas de tensiones con Washington–, restaurar lazos con EE.UU. e Israel, y combatir la corrupción que, según él, “se comió el futuro”.

Reacciones

Por su parte, Javier Milei, presidente argentino, fue de los primeros en felicitarlo vía X: “El fin del fracasado modelo del socialismo del siglo XXI”.

En redes, el triunfo generó euforia entre opositores –”¡Adiós al narco-socialismo!”–, pero también alertas de Morales sobre “batallas en las calles” si la derecha “traiciona al pueblo indígena”.

Desafíos por delante: ¿Reformas sin revueltas?

Paz hereda la peor crisis en cuatro décadas: recesión proyectada hasta 2027, protestas por gasolina y un dólar paralelo que multiplica por tres el oficial.

Su plan de austeridad “suave” –con bonos para vulnerables– busca evitar estallidos sociales, pero expertos advierten que sin mayoría en el Congreso, las reformas podrían estancarse. “Es un outsider que debe unir a un país polarizado”, resume el politólogo Franco Gamboa de la UMSA.

Mientras las celebraciones iluminan La Paz, Bolivia mira al horizonte: de la izquierda que moldeó su identidad surge un giro hacia el mercado y la moderación. Si Paz logra navegar la tormenta económica, podría inspirar a otros países andinos. De lo contrario, el MAS –aún con raíces profundas en el altiplano– podría resurgir de sus cenizas. Por ahora, el Altiplano respira cambio.

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