abril 3, 2026

En Esta Hora

Porque la noticia… no puede esperar

Alejandro lucha por vivir. ¡No lo abandonemos!

Compartir:

Hay historias que nos sacuden. No por lo lejanas, sino porque nos recuerdan lo frágil —y al mismo tiempo lo valiente— que puede ser el ser humano.

Hoy quiero hablarte de Alejandro Cosío Hernández.

Un hombre inteligente, generoso, de fe profunda… pero, sobre todo, un hombre que no se ha rendido.

Alejandro enfrenta una batalla durísima contra un enemigo complejo: un cáncer neuroendocrino, una enfermedad rara, agresiva y de difícil tratamiento. No ha sido una lucha improvisada. Ha recorrido los mejores hospitales de México, ha buscado respuestas donde muchos ya habrían perdido la esperanza… pero los resultados no llegaron.

Hoy, su única alternativa está en los Estados Unidos, en un centro hospitalario especializado que puede darle una oportunidad real de vida.

Y aquí es donde la historia deja de ser solo médica… y se vuelve profundamente humana —y también social.

Porque mientras Alejandro lucha por vivir, también enfrenta otra batalla: la económica.

Ha tocado puertas. Ha buscado, con dignidad, que se cubran adeudos legítimos que gobiernos —como los de Veracruz, Quintana Roo, entre otros— mantienen pendientes con él.

Pero la respuesta ha sido el silencio.

La indiferencia.

La burocracia fría frente a una urgencia que no espera.

Cada día cuenta. Cada tratamiento cuesta. Cada retraso pesa.

Y entonces surge una pregunta que incomoda, pero que debemos hacer:

¿Cuánto vale una vida cuando depende de decisiones que sí pueden tomarse?

Si esos adeudos se cubrieran, Alejandro tendría la posibilidad de continuar su tratamiento.

No estamos hablando de privilegios.

Estamos hablando de justicia.

De humanidad.

De responsabilidad.

Hoy, más que nunca, Alejandro necesita que su historia sea escuchada.

Que no sea uno más entre cifras, expedientes o promesas sin cumplir.

Porque detrás de su nombre hay una familia, hay amigos, hay sueños… y hay una voluntad inmensa de seguir viviendo.

Que esta historia no pase de largo.

Que nos mueva.

Que nos incomode.

Y, sobre todo, que nos haga actuar.

Compartir: