mayo 11, 2026

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La 4T… VITRINA PLANETARIA

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Mientras Shakira aparecía ante el mundo promocionando el ambiente festivo rumbo a la Copa Mundial de la FIFA 2026 con el tema “Dai Dai” —expresión italiana equivalente a “vamos”—, en México el balón político comenzaba a rodar por un terreno mucho más complicado: el miedo a la protesta social.

El anuncio del adelanto del fin del ciclo escolar para el próximo 5 de junio, impulsado por la Secretaría de Educación Pública bajo la conducción de Mario Delgado, encendió de inmediato las suspicacias.

Oficialmente, el argumento es casi romántico: permitir que los niños disfruten del Mundial, de los partidos, del ambiente deportivo y de una celebración internacional que colocará nuevamente a México bajo los reflectores globales.

Pero en la política mexicana rara vez las coincidencias son ingenuas.

Diversos analistas educativos y observadores políticos sostienen otra hipótesis mucho menos festiva: evitar que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación convierta las sedes mundialistas en centros de presión política mediante marchas, plantones y bloqueos.

No sería la primera vez.

La historia contemporánea de México demuestra que la CNTE posee una enorme capacidad de movilización. Desde Oaxaca hasta la Ciudad de México, pasando por Chiapas, Guerrero y Michoacán, el sindicato disidente ha logrado paralizar carreteras, aeropuertos, centros comerciales, oficinas gubernamentales y avenidas estratégicas durante negociaciones salariales o conflictos políticos.

En 2006, Oaxaca vivió meses de caos social que dieron la vuelta al mundo. En 2013, el Zócalo capitalino permaneció ocupado durante semanas en protesta contra la reforma educativa de Enrique Peña Nieto.

Más recientemente, los bloqueos ferroviarios en Michoacán afectaron cadenas de suministro internacionales y millonarias pérdidas económicas.

Ahora el escenario sería todavía más delicado.

La FIFA no tolera improvisaciones en temas de seguridad, movilidad y logística. El organismo que dirige el futbol mundial exige garantías absolutas para selecciones, patrocinadores, turistas y transmisiones internacionales.

Basta recordar los enormes operativos implementados en Sudáfrica 2010, Brasil 2014 o Qatar 2022 para comprender que cualquier protesta capaz de obstaculizar accesos a estadios, aeropuertos o zonas hoteleras podría convertirse en un escándalo diplomático y financiero de proporciones globales.

México no sólo será anfitrión: estará bajo examen internacional.

La Ciudad de México albergará el partido inaugural en el mítico Estadio Azteca, inmueble que busca convertirse en el primero en recibir tres inauguraciones mundialistas.

Guadalajara y Monterrey también serán vitrinas planetarias. Millones de turistas circularán por aeropuertos, sistemas de transporte y corredores urbanos. Una sola imagen de autobuses detenidos, aficionados atrapados o delegaciones bloqueadas por protestas sindicales tendría un impacto devastador sobre la imagen del país en el mundo.

Y allí aparece el verdadero temor del gobierno.

No se trata únicamente del futbol. Se trata de gobernabilidad.

Porque si algo ha caracterizado a la llamada Cuarta Transformación es su permanente discurso de cercanía con los movimientos sociales.

La 4T construyó parte de su legitimidad defendiendo la protesta callejera como mecanismo de presión política.

Sin embargo, cuando el poder se ejerce desde Palacio Nacional, las marchas dejan de ser románticas y comienzan a representar riesgos económicos, mediáticos y diplomáticos.

Paradójicamente, el gobierno que durante años justificó bloqueos y plantones hoy parecería diseñar calendarios escolares para evitar exactamente eso.

El problema es que la percepción pública ya quedó instalada: las modificaciones al calendario educativo no obedecerían únicamente a razones pedagógicas o recreativas, sino a cálculos políticos preventivos frente a un sindicato históricamente impredecible.

Y el mensaje resulta delicado.

Porque si un gobierno altera tiempos escolares nacionales por temor a manifestaciones, entonces el fondo del asunto no es el Mundial… sino la incapacidad de garantizar control político durante uno de los eventos más importantes del planeta.

En tanto la FIFA canta “Dai Dai”, en México muchos parecen repetir otra frase mucho más terrenal:

¡“Ay nanita!, hay viene la CNTE”!

Hoy lunes habrá una propuesta definitiva sobre el inicio de vacaciones.

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