mayo 1, 2026

En Esta Hora

Porque la noticia… no puede esperar

Lo de Rubén Rocha… COSTO POLÍTICO ELECTORAL INEVITABLE PARA LA 4T

Compartir:

“Rubén, es como —no es como— es mi hermano…”.

La frase no fue casual, ni improvisada. Fue una declaración de cercanía política, de respaldo absoluto y de complicidad simbólica.

Así hablaba Andrés Manuel López Obrador sobre Rubén Rocha Moya, el hombre al que impulsó hasta la gubernatura de Sinaloa bajo las siglas de la llamada Cuarta Transformación.

No se trataba únicamente de una relación institucional. Era una relación política profunda, construida durante años, tejida desde la oposición y consolidada en el poder.

Rocha no llegó solo: llegó con el aval presidencial, con la estructura de Morena y con el impulso directo del proyecto lopezobradorista.

Hoy, ese vínculo cobra una dimensión distinta. Las acusaciones que pesan sobre el gobernador sinaloense —señalamientos de presuntos nexos con el crimen organizado y versiones que apuntan a investigaciones en Estados Unidos— colocan a la 4T frente a uno de los escenarios más delicados de su historia reciente.

Porque si Rocha fue impulsado por el presidente, también fue protegido políticamente por su gobierno.

Durante su mandato, cualquier crítica hacia su administración fue minimizada, relativizada o desestimada desde el discurso oficial.

La narrativa fue clara: cerrar filas, evitar fracturas, sostener la imagen del movimiento por encima de los cuestionamientos individuales.

Pero la política, como la historia, no perdona los silencios incómodos.

Si las acusaciones escalan —y más aún si provienen de instancias internacionales— el caso podría convertirse en un parteaguas. No solo por lo que implica un gobernador en funciones bajo sospecha, sino por lo que representa para el discurso central de la 4T: la lucha contra la corrupción y la regeneración de la vida pública.

Las consecuencias políticas podrían ser profundas:

Primero, un golpe directo a la credibilidad del movimiento. La narrativa moral que ha sostenido a la 4T se vería debilitada si uno de sus cuadros más respaldados resulta involucrado en estructuras criminales.

Segundo, un costo electoral inevitable. La oposición encontraría en este caso un argumento poderoso para cuestionar no solo a Rocha, sino al proyecto completo. En política, los símbolos pesan más que los discursos, y este caso podría convertirse en uno de esos símbolos incómodos.

Tercero, tensiones internas. Morena no es un bloque monolítico; es una coalición de intereses, grupos y liderazgos. Un escándalo de esta magnitud puede detonar deslindes, fracturas y reacomodos dentro del movimiento.

Y cuarto, el factor internacional. Si el señalamiento proviene o se fortalece desde Estados Unidos, el tema deja de ser local para convertirse en un asunto diplomático.

La relación bilateral —ya de por sí compleja— podría tensarse aún más.

La historia política mexicana ha tenido muchos escándalos, pero pocos con esta combinación: cercanía presidencial, poder territorial y presunta conexión con el crimen organizado.

Por eso la frase vuelve a resonar, con otro peso, con otro eco:

“Es mi hermano…”

 En política, los afectos también tienen consecuencias.

Pero, si no existen pruebas claras que sustenten la acusación, es evidente que el objetivo de estas imputaciones es político, puntualiza la presidenta de México.

Por eso, le expresa al gobernador Rubén Rocha: “no hay nada que temer”.

Imagen de portada: La polémica amistad y protección mutua entre AMLO y Rubén Rocha – Zócalo /Zócalo-Monclova

Compartir: