abril 24, 2026

En Esta Hora

Porque la noticia… no puede esperar

México bajo derrame: la geografía del petróleo que se fuga

Compartir:

*El mapa de los derrames petroleros de Pemex dibuja un patrón contundente: aunque las fugas se extienden a casi todo el país, es en el Golfo de México donde se concentran y se repiten, en una región que especialistas ya describen como “zona de sacrificio”.

El Universal por Édgar Ávila Pérez / Parte II

Veracruz, Ver.- Si en un mapa de México se colocaran alfileres multicolores para señalar los derrames registrados en instalaciones petroleras, el resultado sería una proyección llena de marcas dispersas que dibujarían un arcoíris sobre el territorio nacional.

El rastro de los 3,951 derrames registrados en instalaciones petroleras durante los últimos cinco años —con sustancias aceitosas, solventes, aditivos, aguas aceitosas, salmueras y aguas de producción, lodos industriales, gas y condensados— se extendió prácticamente a todo el país.

La recurrencia de fugas y derrames en las instalaciones de Petróleos Mexicanos durante el último lustro (2020-2025) —como se reportó en una primera entrega— alcanzó a 29 de las 32 entidades del país, pero golpeó con mayor fuerza a la región del Golfo de México, la triada integrada por Veracruz, Tabasco y Tamaulipas, donde se concentra la mayor infraestructura petrolera, así como buena parte de los ecosistemas.

Si bien entidades como Guanajuato, Hidalgo, Chihuahua, Campeche, Puebla, Oaxaca, Chiapas y Nuevo León aparecen con siniestros en los registros oficiales de la empresa productiva del Estado —obtenidos por vía de transparencia—, el 76 por ciento de los eventos se concentró en el corredor del Golfo de México, donde ductos, refinerías, complejos industriales y plataformas conviven de manera directa con humedales, selvas, manglares y sistemas marinos.

Para el coordinador de Conexiones Climáticas, una organización dedicada a la comunicación de la crisis climática, Pablo Montaño, las regiones aledañas al Golfo de México se han convertido, en los hechos, en “zonas de sacrificio” para la industria petrolera.

“Básicamente podemos decir que, desgraciadamente, se han convertido y son tratadas de facto como zonas de sacrificio; es un sitio donde se normaliza la contaminación, se normaliza el envenenamiento de los cuerpos de agua y se vuelve parte de lo habitual”, denunció el maestro en medio ambiente y desarrollo sustentable.

No sólo —añade— persisten los derrames, sino que se ha normalizado la respuesta y se han institucionalizado prácticas como las indemnizaciones que llegan después del daño, como un remedio tardío.

“Esa práctica ya ocurre con normalidad y las consecuencias ambientales son muy diversas: desde la contaminación del agua, la pérdida de cultivos y la afectación a los ciclos de reproducción de distintas formas de vida; es una situación muy crítica”, alerta.

El problema —explica— va más allá del impacto ambiental: conforme ríos y mares se degradan, actividades como la agricultura y la pesca comienzan a desdibujarse, dejando a las comunidades con menos opciones para subsistir, lo que termina por atarlas económicamente a la propia industria petrolera.

“No tienen otras alternativas de vida; se van agotando las fuentes de ingreso y quien termina como proveedor económico es la industria del petróleo. Es un círculo vicioso: la gente, por necesidad, tolera las malas prácticas de Pemex”.

Golfo de México: donde la crisis se concentra

El corredor energético del Golfo de México —con Tabasco como principal zona de extracción petrolera, Veracruz con transformación petroquímica y refinación, y Tamaulipas como punto de refinación— es el más golpeado por la recurrencia de derrames.

El territorio veracruzano, conocido como la puerta de México al Golfo, se posicionó en el primer lugar —según los informes elaborados por la Dirección de Planeación, Coordinación, Desempeño y Sostenibilidad y la Subdirección de Servicios y Administración de Bienes de Pemex— con el mayor número de derrames: 1,572 casos, lo que representó el 39 por ciento del total.

Se reportaron vertidos, principalmente de agua-aceite, hidrocarburos, crudo, productos refinados y condensados, sustancias que afectan ríos y suelos y representan riesgos ambientales y de seguridad por su inflamabilidad y toxicidad.

En el edén de México, Tabasco —estado marcado con una gran biodiversidad que va desde humedales hasta ríos caudalosos—, la cifra de derrames alcanzó los 871 eventos, cantidad que representó el 22 por ciento del total nacional.

En esta zona del sureste se documentaron liberaciones de hidrocarburos, materiales inflamables; aceites y crudo, de carácter denso y contaminante; así como emulsiones de agua con aceite y otros derivados petroleros.

En la tierra de frontera —como suele llamarse a Tamaulipas por su colindancia con Estados Unidos y su papel como corredor estratégico del norte del país—, se registraron 575 derrames, equivalentes al 14 por ciento del total.

El especialista recuerda que la industria petrolera a nivel mundial opera en medio de contaminación y derrames; sin embargo, en el caso de México —subraya— a ese escenario se suman desastres que con frecuencia son minimizados bajo la etiqueta de “accidentes”.

“Cuando se configuran todas las condiciones para que estos hechos ocurran, no se les puede llamar accidentes. Hay factores claros: en el caso de Pemex, tuberías envejecidas y recortes en mantenimiento”, acusa.

Hablar de “accidentes” —insiste— resulta impreciso, pues los derrames observados recientemente responden a fallas previsibles dentro de un sistema que, en varios puntos, opera al límite de su vida útil, generando contaminación por los productos derramados.

La dispersión de los derrames

La rastro de los derrames no se limitó al corredor del Golfo ni a las zonas de mayor densidad industrial, sino que se expandió a lo largo y ancho del territorio nacional, alcanzando regiones del norte, del centro y del sureste.

Los incidentes van desde Campeche, principal zona de extracción petrolera marina en la Sonda de Campeche, con 167 casos; pasando por Puebla, estado clave en el tránsito y distribución de hidrocarburos del centro del país, con 153 siniestros.

Además de Chiapas, región del sureste con actividad petrolera terrestre complementaria, con 128 derrames; seguido de Oaxaca, corredor estratégico de transporte energético hacia el Istmo de Tehuantepec, con 91 eventos; y Nuevo León, centro industrial y de refinación del norte del país, con 84.

En ese sentido, predominaron los derrames de hidrocarburos, compuestos inflamables; crudo, denso y persistente; mezclas de agua con aceite, que degradan suelos y cuerpos de agua; productos refinados, con potencial tóxico; y condensados, fluidos ligeros y volátiles.

Por el contrario, en los informes, los estados de Guerrero —sin actividad de extracción de hidrocarburos ni refinerías ni complejos petroquímicos—; Nayarit —con ausencia de producción petrolera—; y Quintana Roo —sin producción ni procesamiento de hidrocarburos— no registran un solo derrame.

La contaminación que generan los derrames —advierte el analista— depende en gran medida del ecosistema en el que ocurren: no es lo mismo un evento en una zona con abundancia de agua que en una región con estrés hídrico, donde el impacto puede ser mayor, al grado de comprometer o incluso agotar las actividades económicas.

No se limita —subraya— al entorno inmediato, sino que se filtra hacia los sistemas hídricos y la cadena alimentaria: en estados como Veracruz y Puebla, han detectado que los pozos artesanales pueden verse afectados por la infiltración de contaminantes en el manto freático, mientras que en regiones como Tabasco alcanzan a la pesca, donde la calidad del producto se ve alterada.

A ello se suman efectos acumulativos en la salud: exposición constante a sustancias tóxicas, incluidos metales pesados, a través del consumo reiterado de alimentos contaminados.

En México —recapitula Montaño— estos eventos no pueden entenderse únicamente como incidentes inevitables, sino como el resultado de condiciones estructurales que los propician.

ESTADOS CON MAYOR NUMERO DE DERRAMES*
2020-2025

Veracruz: 1572 39%
2020: 147
2021: 173
2022: 266
2023: 271
2024: 352
2025: 363

Tabasco: 871 22%
2020: 121
2021: 173
2022: 230
2023: 138
2024: 93
2025: 116

Tamaulipas: 575 14%
2020: 26
2021: 56
2022: 130
2023: 180
2024: 92
2025: 91

TOP TEN DE ESTADOS CON DERRAMES
2020-2025
Veracruz: 1572
Tabasco: 871
Tamaulipas: 575
Campeche: 167
Puebla: 153
Chiapas: 128
Oaxaca: 91
Nuevo León: 84
Guanajuato: 35
Hidalgo: 33

ESTADOS CON REPORTE DE DERRAMES

Aguascalientes
Baja California
Baja California Sur
Campeche
CDMX
Chiapas
Chihuahua
Coahuila
Colima
Durango
Edomex
Guanajuato
Hidalgo
Jalisco
Michoacán
Morelos
Nuevo León
Oaxaca
Puebla
Querétaro
San Luis Potosí
Sinaloa
Sonora
Tabasco
Tamaulipas
Tlaxcala
Veracruz
Yucatán
Zacatecas

ESTADOS SIN REPORTE DE DERRAME

Guerrero
Nayarit
Quintana Roo

*Fuente: Pemex

Compartir: