Tras semanas de desmentidos, minimización del impacto y señalamientos a supuestas “fugas naturales” o “barcos fantasma”, la verdad salió a la luz: fue negligencia operativa. Y es una admisión tardía que surge justamente cuando el crudo está apareciendo en costas de Estados Unidos. ¡El miedo no anda en burro!
La administración federal y la mayoría de las administraciones estatales emanadas de la Cuarta Transformación ha dejado muy claro que lo suyo, lo suyo, lo suyo: no es el manejo de crisis. La falta de gabinetes de crisis al lado de las y los mandatarios ha hecho que les revienten problemas que pudieron evitar.
El reconocimiento de que la fuga provino del complejo Abkatún-Pol-Chuc no debe celebrarse como un acto de transparencia, sino cuestionarse como una admisión tardía, muy tardía, que surge después de un profundo daño a la credibilidad de la presidenta, de secretarios de despacho, de una gobernadora y del mismísimo director de Pemex.
Boletinaron oficialmente mentiras en semanas anteriores, no se cansaron de desmarcarse, manejar versiones inexistentes y minimizar hechos que ya estaban lastimando al ambiente, a la sociedad y a la economía nacional.
Por fortuna, no se cansaron las organizaciones ambientalistas, incluyendo a CartoCrítica, que señalaron mediante imágenes satelitales que el derrame comenzó entre el 6 y el 10 de febrero de 2026, sin embargo, el reconocimiento oficial llegó semanas después, tras afectaciones a casi 900 kilómetros de playas en Veracruz, Tabasco, Tamaulipas y Texas.
Pemex ha manejado muy mal sus crisis en los últimos tiempos, ya que prioriza la protección de su reputación financiera sobre la protección de los ecosistemas. En esta ocasión, mientras se negaba la magnitud del siniestro, el turismo disminuyó y las comunidades pesqueras perdían su sustento de Cuaresma, un impacto económico directo por la inacción y la falta de alertas tempranas.
Pemex ha exhibido un sistema de mantenimiento colapsado y con cero grado de respuesta. Hay un evidente daño ambiental, social y económico. La crítica debe ser directa: la “modernización” prometida para Pemex en la actual administración se ha visto opacada por una “normalización” de los accidentes, donde los protocolos de seguridad no están funcionando.
Diversos sectores y organizaciones ambientales como Greenpeace México han señalado a las cabezas de la estrategia energética y de supervisión de Pemex, como el propio titular Víctor Rodríguez Padilla, como responsable directo de la tragedia ambiental de febrero y marzo.
Cotemar o Halliburton, empresas operadoras de las plataformas frente a costas de Campeche, también tendrán que ser investigadas, junto con los tres chivos expiatorios de mandos medios que fueron separados de sus cargos en el interior de Pemex: el líder de derrames, el coordinador de Control Marino y el subdirector de Seguridad.
Estamos frente al cierre de un ciclo de opacidad, pero abre una crisis profunda sobre la gestión ambiental de la empresa estatal. Sobre todo, porque el 60% de los derrames en el Golfo entre 2018 y 2024 no fueron reportados correctamente, según investigaciones de Focus Group basadas en reportes de la propia ASEA (Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente). La cifra nos habla de una cultura corporativa arraigada en la impunidad y la remoción de tres funcionarios tras la confirmación de la fuga es una medida necesaria, pero insuficiente si no viene acompañada de una reestructuración operativa de fondo.
Aceptar la responsabilidad es solamente un primer paso, para un Golfo de México que no puede seguir siendo tratado como una zona de sacrificio en aras de la producción energética. La sociedad mexicana no solo exige que Pemex limpie la playa, sino que impida que el crudo llegue a ella.
Es momento de rediseñar los protocolos de seguridad en complejos críticos como Cantarell, Dos Bocas y la refinería Olmeca, buscando evitar que se repita la cadena de omisiones. Así como establecer programas para evaluar riesgos a la salud, pagar daños a pescadores y comunidades, así como un plan de remediación ambiental. Ojalá que ya no pierdan tiempo y se dejen de tarugadas.
*Periodista/Tlaxcala
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