abril 12, 2026

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Agustín Acosta Lagunes, buen gobernador

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Hace quince años abandonó esta dimensión quien fuera gobernador de Veracruz durante el periodo de 1980 a 1986, don Agustín Acosta Lagunes, uno de los gobernadores cuya hoja de servicios en la función pública registra saldos positivos. La paradoja de su vida política fue la de ser poco afecto al “rollo político” y sin embargo ya para finalizar su productiva gestión comenzó a tomarle sabor a los usos del poder. En los prolegómenos de la sucesión gubernamental veracruzana, a fines de 1979 se comenzaron a barajar nombres de quienes podrían ser los potenciales sucesores del gobernador Rafael Hernández Ochoa: Llorente González, Gustavo Carvajal, entre otros muchos figuraban entre los posibles candidatos. La decisión correspondía al presidente López Portillo, un rumor corrió por los pasillos de la especulación: Carvajal le dijo “no” al presidente, porque prefería esperarse para “la grande”, es decir, que aspiraba a ser candidato presidencial. La versión era absurda, pero pesaba en la inferencia política. De pronto, apareció entre los aspirantes el nombre de Agustín Acosta Lagunes, se desempeñaba como subsecretario de Hacienda, poco conocido en Veracruz, pero amigo de Díaz Serrano, director de Pemex, amigo cercano del presidente. Se hizo la luz y el candidato al gobierno veracruzano fue Agustín Acosta Lagunes.

De trato ríspido en campaña y ya en el gobierno, Agustín Acosta Lagunes pronto evidenció su alergia al “rollo político”, al saludo de las tres palmadas en la espalda, al discurso florido en busca del aplauso fácil. No pocos, sino todos sus colaboradores recibieron las amenazantes tarjetas: “te voy a correr” era en ellas la advertencia sobresaliente. Subyacía en esa condición la estresante finalidad del gobernante por hacer de Veracruz una entidad que efectivamente fuera el “granero y yunque de la nación”, no defraudar la confianza presidencial en él depositada. El Sistema Nacional Alimentario implementado por el gobierno federal requería de la participación de los estados, Veracruz se dispuso a respaldar sus objetivos. Don Agustín realizó una gestión pública exitosa, logró una obra pública de trascendencia, su preocupación por cumplir un mandato con seriedad dejó constancia en la infraestructura urbana de Xalapa, Veracruz y otras ciudades de importancia. En la capital del estado obras de gran magnitud fueron constancia de su positivo paso por el gobierno veracruzano: la pavimentación de la avenida Ruiz Cortinez, la de Murillo Vidal y la ampliación a cuatro carriles del tramo carretero de Lázaro Cárdenas desde finanzas hasta el aeropuerto de Las Bajadas son muestras fehacientes del gran impulso urbanístico de la capital. La conurbación Veracruz- Boca del Rio debe su actual desarrollo al impulso original que el gobierno de Acosta Lagunes imprimió a esa importante zona metropolitana, bien continuada, por cierto, por el gobernador Dante Delgado. Sin duda, el gobernador Acosta Lagunes dejó huella positiva de su paso por el gobierno veracruzano, con mucha satisfacción pudo decir “misión cumplida”.  

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