marzo 25, 2026

En Esta Hora

Porque la noticia… no puede esperar

Negar lo evidente…  ES TRAICIONAR AL PUEBLO  

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Veracruz arde. Y no es por un fuego forestal, sino por la irresponsabilidad política de quienes hoy gobiernan negando lo evidente.

Dos nuevas crisis sacuden al estado. Dos crisis documentadas, visibles, denunciadas.

Y en ambas, la respuesta oficial ha sido la misma: negar, minimizar y desviar.

La primera: el derrame de hidrocarburos en el corredor arrecifal del Golfo de México.

No es un rumor. No es percepción. Hay manchas en el mar, playas contaminadas, pescadores con afectaciones en la piel, redes inutilizables y un ecosistema en riesgo.

La propia presidenta Claudia Sheinbaum reconoce el derrame, aunque apresuradamente exonera a Pemex.

Y en Veracruz, la gobernadora Rocío Nahle decide ir más allá: negar de manera tajante todo lo que le irrita.

Niega el derrame.

Niega la contaminación.

Niega la mortandad de fauna.

Niega la realidad.

Y lo hace en la antesala de Semana Santa, cuando la economía turística del estado depende de la confianza y la belleza paradisiaca de sus playas.

La lógica es clara: si no se reconoce el problema, parece que no existe. Pero esa lógica no es de gobierno, es de propaganda cuatrotera.

La segunda crisis exhibe un rostro aún más crudo: 239 migrantes centroamericanos encontrados en condiciones deplorables de salud. Hacinamiento, abandono, vulneración absoluta de derechos humanos.

No es un accidente, es el síntoma de un sistema rebasado y de autoridades ausentes.

Aquí también pesa el silencio.

Porque gobernar no es administrar narrativas confortables, sino enfrentar los flagelos que afectan a la sociedad.

Y, sí, Veracruz está de moda: atrapado entre ambos conflictos y lo que ocurre en las calles, en las costas y lo que el gobierno insiste en desdeñar.

El dilema de fondo no es solo el derrame ni los migrantes. Es la negación como política pública.

Rocío Nahle no es una funcionaria de bajo nivel político. Fue secretaria de Energía. Construyó la refinería “Dos Bocas”, una obra en medio de la polémica. Conoce el sector. Entiende los riesgos. Sabe cómo opera la industria petrolera.

Y precisamente por eso, su negativa no es ingenua: es deliberada.

Negar en política tiene consecuencias.

Se pierde tiempo.

Se agrava el daño.

Se traiciona la confianza.

Un derrame no atendido a tiempo se expande y contamina.

Una crisis humanitaria ignorada se profundiza.

Un gobierno que miente pierde autoridad moral e imagen política.

Veracruz no necesita discursos reconfortantes, exige respuestas específicas. Requiere estudios independientes, acciones inmediatas, atención médica, protección ambiental y, sobre todo, verdad.

Pero en lugar de eso, hay evasivas.

El mensaje que se envía es aventurado: en Veracruz, primero se protege la imagen del poder… y después, si queda tiempo, a la gente.

El estado está en crisis. Y su gobierno, en negación.

Porque sí, negar también es gobernar.

Pero es gobernar mal.

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