marzo 13, 2026

En Esta Hora

Porque la noticia… no puede esperar

En el nombre del pueblo… y del hijo y del espíritu santo

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Con aprecio para los integrantes de ED

Primer acto: En la pasada elección judicial, el pueblo eligió a los nuevos impartidores de justicia a favor del pueblo.

Segundo acto: Se presenta un conflicto legal entre 2 vecinos por la posesión de un terreno y ambos son parte del pueblo.

Tercer acto: ¿A quién se le dará la propiedad de dicho terreno, cuando ambos presumen que son parte del pueblo? ¿Al que le llevó más votos al juez del caso o al que demuestra con documentos ser el legítimo propietario?

¿Cómo se llamó la obra? “Un Estado de Derecho también necesita…al Hijo y al Espíritu Santo”.

Un gobierno “populista” presume siempre hablar a nombre del pueblo, de manera irresponsable busca el aplauso fácil en toda plaza pública y en todo momento, pone en el centro de la discusión NO al pueblo sino a “SU“ pueblo,  esto es, cree interpretar y escuchar la voz de solo la parte de un pueblo que apoya su proyecto de país, ¿y aquellos que no están de acuerdo en ciertas acciones de gobierno y no van con los ojos cerrados hacia ellos NO son pueblo?

Hoy la sociedad es testigo del linchamiento mediático hacia aquellos legisladores que no votaron a favor de la Reforma Electoral presentada por la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en la Cámara de Diputados, no importa que esas mismas Diputadas y Diputados en otras votaciones caminaron con el oficialismo de manera incondicional, hoy se les llama…traidores a la patria, traidores al pueblo, aquellos que integran la mafia que roba los recursos naturales – combustible – y aparte evade impuestos afectando las finanzas nacionales, ¿cómo debemos llamarlos? ¿El pueblo ha visto alguna lona con los fotos de aquellos que han sido denunciados de manera pública? ¿Quiénes son los verdaderos traidores?

El diagnóstico del gobierno del costo de nuestra Democracia no está completo sino se escucha a todos los protagonistas en nuestro sistema de partidos, la soberbia es mala consejera,  toda modificación legal en materia electoral requiere el mayor consenso posible,  ¿quién quiere que la elección de los representantes populares sea menos costosa para México? ¿Quién quiere que se reparta menos dinero a los partidos? En ambos escenarios la respuesta es obvia…todos.

El tema va más allá de hablar de ahorros presupuestales, ¿quién quiere que se le quite dinero a los partidos y se canalicen a los programas sociales? La respuesta es obvia, es como preguntar: ¿ quién quiere que se eleve el pago predial? ¿Quién quiere que se amplíe el número de beneficiados en los programas sociales? En el modo de hacer la pregunta esta la respuesta, presumir el respaldo popular en una iniciativa de reforma electoral por parte del gobierno de la república es mañosa y lo que busca es que “su” pueblo, – aquel que apoya a morena – distinga entre los grupos de  “patriotas” de morena y los “traidores a la patria” integrado por los grupos de la oposición, ¿que clase de gobierno es aquel que impulsa la confrontación, el insulto y la intolerancia? ¿En qué consiste verdaderamente su “humanismo” tantas veces presumido?

Convocar a la reconciliación nacional es responsabilidad de todo aquel que tenga poder político,  se podrán tener diferencias ideológicas y tal vez hasta diferencias personales pero nunca se debe apostar por la división entre los mexicanos, al final del camino, tan pueblo es aquel que apoya a un partido político como aquel que respalda otra opción partidista, tan patriota es aquel que apoya a un gobierno como aquel que impulsa otro proyecto de nación, ¿acaso los verdaderos enemigos del país no son los grupos del crimen organizado, la corrupción, la impunidad y esa sensación de inseguridad que recorre las calles de México?

Está claro que a México lo integran muchos “pueblos”, el pueblo que llevó al poder a morena, el pueblo que votó por PAN, PRI, MC, VERDE y PT,  el pueblo que no salió a votar por nadie y aquel pueblo que decidió anular su voto en el proceso electoral 2024,  pueblo también son los jóvenes que aún sin cumplir la mayoría de edad son testigos y víctimas de la inseguridad que se pasea de forma burlona por las calles del país, que nadie se abrigue el derecho de hablar a nombre del pueblo cuando presta oídos sordos a otras voces y a otros reclamos, no hay que olvidar que al hablar a nombre del pueblo, también hay… “un Hijo y un Espíritu Santo”.

Hoy México requiere más serenidad y menos descalificaciones, más argumentos y menos gritos protagónicos, más humidad y menos soberbia, más tolerancia y menos ataques mediáticos, más manos extendidas que puños cerrados, – ante los riesgos desde el exterior – México necesita más patriotas de acción y menos de simulación.

Insisto, votar en contra de una reforma – sea cual sea su naturaleza – no hace a nadie traidor a la patria, como tampoco votar a favor convierte a quienes así hayan votado, en unos mártires de la patria cuando muchos de ellos han sido señalados de tener vínculos o formar parte de mafias qué lastiman al país mucho más que emitir un voto en contra, ¿a quién quieren engañar aquellos que presumen su “amor a México?

El pueblo de México es representado por más de 130 millones de habitantes, el pueblo de México no quiere que regrese ese autoritarismo de ayer, el pueblo de México no quiere ser representado solo por la voz de un partido único,  el pueblo de México quiere elecciones confiables y donde un voto para el ganador valga lo mismo que un voto para los demás partidos, el pueblo de México no quiere dinero en las elecciones manchados de lagrimas y sangre, el pueblo de México no quiere sueldos exagerados y privilegios ni para el INE, ni para funcionarios partidistas pero tampoco para ningún nivel de gobierno sean del color que sean, en esos reclamos y gritos de desesperación…hay un pueblo,  hay un Hijo y  hay un Espíritu Santo.

P.D.- Con el ánimo que todos los involucrados en presentar una reforma electoral estén consientes que para concretarla se necesita algo mucho más que colgar lonas ofensivas y deben impulsar una Expresión Democrática… Escribiré otro día.

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