marzo 9, 2026

En Esta Hora

Porque la noticia… no puede esperar

CUANDO EL RÍO SUENA…

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En política, como en la vida cotidiana, los rumores rara vez nacen de la nada. Se alimentan de silencios, de evasivas y, sobre todo, de la ausencia de información clara.

Por eso, cuando una versión comienza a circular con insistencia en distintos espacios —redes sociales, corrillos políticos o sobremesas periodísticas—, inevitablemente surge la vieja sentencia popular: cuando el río suena, es porque agua lleva.

En días recientes comenzó a correr una versión incómoda para el oficialismo. Se dice que el expresidente Andrés Manuel López Obrador habría sido internado en el Hospital General Militar debido a un problema cardiaco.

Otros niegan categóricamente esa posibilidad. La información oficial, mientras tanto, permanece en una zona gris.

Ante los cuestionamientos, la presidenta Claudia Sheinbaum declaró que no tiene conocimiento de tal situación.

Una respuesta que, más que disipar la duda, la alimenta. Porque durante años el discurso del poder sostuvo que el presidente de la República lo sabe todo: desde los grandes movimientos del Estado hasta los más pequeños detalles —y, en ocasiones, los más turbios— de la administración pública.

Resulta difícil creer que, tratándose de la salud de quien fue el líder indiscutible del movimiento político que hoy gobierna el país, la jefa del Ejecutivo permanezca al margen de cualquier información.

No se trata de curiosidad banal ni de especulación frívola: se trata de una figura que marcó profundamente el rumbo político de México durante los últimos años.

La relación política y personal entre Sheinbaum y López Obrador ha sido pública y evidente. Él fue su mentor, su principal respaldo y el arquitecto político que impulsó su ascenso.

Pensar que la presidenta ignora completamente el estado de salud del expresidente exige una dosis considerable de ingenuidad.

El problema no es si López Obrador estuvo o no en un hospital. Las enfermedades pertenecen al ámbito personal y merecen respeto.

El verdadero problema es la opacidad. Cuando el poder decide callar o responder con ambigüedad, deja espacio para que los rumores crezcan y se multipliquen.

La política mexicana tiene una larga tradición de secretos, silencios y verdades a medias.

Y cada vez que la información oficial llega incompleta o contradictoria, la imaginación colectiva llena los vacíos.

Por eso la frase popular sigue teniendo vigencia. No porque todo rumor sea cierto, sino porque los ruidos en la política casi siempre nacen de alguna corriente subterránea.

Y cuando el río suena… algo, sin duda, se está moviendo bajo el agua.

Imagen de portada: Cuando el río suena//Redes sociales (FB)

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