“Un nuevo hecho de violencia escolar se registró en México; se trata del caso de Jeremy, un estudiante de secundaria que fue apuñadado afuera de una secundaria en la alcaldía Tláhuac, en la Ciudad de México (CDMX)”.
Esta fue la nota en diferentes medios de comunicación que habla de una nueva agresión entre estudiantes adolescentes en México afuera de una escuela.
Es un hecho de violencia más entre estudiantes de secundaria que parece que ya no sorprenden a nadie, es algo “normal” en el México violento del día de hoy, cuando unos jóvenes deciden resolver sus diferencias personales con golpes o un adolescente decide agredir con un arma punzocortante a quien considera su rival estamos hablando de una ausencia de temor ante las consecuencias de sus actos o de hartazgos en caso de que en un momento dado es víctima de agresiones.
Lo cierto es que grabar es lo de hoy, con un celular en la mano cualquiera se siente director de cine y sin importar el daño que se causen quienes son los “actores” principales, los asistentes a la “función callejera” graban, comentan e incluso ríen ante el peligroso “espectáculo” que ven, ¿en que estarán pensando esos jóvenes que graban sin preocupación alguna? ¿Grabar sin pensar es lo de hoy? ¿Cuál es el famoso “protocolo” que deben seguir las autoridades educativas?
De acuerdo con el informe anual del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal (CCSPJP), en México se encuentran 17 de las 50 ciudades más violentas del mundo en el 2025, ¿dónde está ese pueblo solidario, noble y de amplia “riqueza cultural” del que tanto se habla en campañas electorales y discursos oficiales? ¿Es ya la violencia en todas sus expresiones parte de nuestra cultura ciudadana?
Hoy el adolescente Jeremy se encuentra grave internado en un hospital, hoy los “Jeremys” de ayer y los – lamentablemente- de mañana lanzan un grito desesperado al Estado en busca de respuestas, si bien es cierto hay ciertos valores que se adquieren en casa, también es cierto que ante hechos delictivos de esta naturaleza y ante los ojos del mundo el Estado no puede ni debe ser indiferente, ¿acaso no es tiempo ya de analizar y actualizar el marco jurídico ante la realidad social de hoy? ¿Acaso la adolescencia es el “fuero” de quienes trasgreden la ley y son potenciales criminales de mañana? ¿O seguirá México con el “ discurso romántico” de atender las causas e ignorar a las victimas de estos lamentables hechos?
La abuela del menor señaló ante los medos de comunicación el estado de su nieto ante las puñaladas que recibió:
“perdió el bazo, sufrió una perforación en el tórax y el pulmón, que le laceró el riñón y parte del intestino, por lo cual también le tuvieron que quitar el apéndice.
Sin embargo, al ser trasladado a Legaría, la mujer contó que los doctores le dijeron que tenía tres perforaciones en el pulmón, por lo cual tuvieron que intubarlo”.
Ante este hecho criminal las autoridades correspondientes no pueden ni deben cerrar los ojos o mirar hacia otro lado, por qué tristemente, puede que en la acera de enfrente este pasando otro hecho similar.
Un importante medio de comunicación señalo lo siguiente ante estos hechos:
“La mañana de este jueves, autoridades reforzaron la seguridad durante el ingreso de los estudiantes a la secundaria, y las clases se llevaron a cabo con normalidad”.
¿En serio se pueden llevar las clases con “normalidad” cuando un día anterior un alumno de 14 años mandó a otro alumno de 15 años grave al hospital? ¿Cuando la pelea entre los alumnos se dio en el cambio de turno y por lo tanto ante los ojos de padres de familia, maestros y alumnos? ¿Cuando el alumno agredido se debate entre la vida y la muerte? ¿Cuando no es la primera agresión que se da entre alumnos de esa secundaria y tal parece que no pasa nada? ¿De que famosos “protocolos” hablan las autoridades? ¿Ignorar o minimizar los hechos es parte del “protocolo”?
Más allá de que el chico agredido también sea un agresor con sus compañeros, más allá de que su entorno familiar no haya actuado a tiempo para remediar la situación, más allá de que el director del plantel haya sido testigo, más allá de que padres y madres de familia no actuaron como lo ameritaba la situación, más allá de rumores y versiones que trataron o traten de justificar los hechos y la reacción del agresor, lo cierto es que estamos ante un intento de homicidio de un adolescente contra otro adolescente, ¿cómo llamarle al hecho de que un alumno le clave 7 veces un arma punzocortante a otro alumno? ¿Que responsabilidad tienen las autoridades de la escuela al no intervenir cuando se presentan hechos de agresión al interior de los centros educativos? ¿Se presentan estos hechos – de mayor gravedad – por la ausencia de autoridad ante conflictos previos entre alumnos? ¿En serio pueden hacer las y los maestros “algo” sin molestar a los padres y madres de los alumnos involucrados y más de los agresores?
México es testigo de hechos de violencia de manera diaria, unos de mayor impacto mediático que otros, sin embargo, no se puede, ni se debe ignorar mucho menos minimizar la violencia en los centros escolares de ningún nivel, ¿acaso esos centros de convivencia social no son los semilleros de las y los ciudadanos de mañana? ¿ Qué clase de ciudadanos salen de las aulas cuando fueron testigos o víctimas de un Estado de Derecho débil y menospreciado por quienes deben pugnar por su respeto y cumplimiento?
Es tiempo que las autoridades de los 3 niveles de gobierno sumen esfuerzos y capacidades para atender una situación que deja muy mal parado al pueblo bueno y sabio que se enaltece en todas las plazas públicas.
Dicen que la verdad no peca pero incomoda, ¿a quien le gusta que le demuestren “la cara sucia” de una sociedad que no solo tolera, contribuye y “parece”- al grabar sonriendo hechos de agresión – que disfruta el clima de violencia y el rompimiento del tejido social que debe ser la base de una convivencia sana entre todos los sectores sociales?
En estos hechos hay muchas víctimas pero quien se está debatiendo entre la vida y la muerte es un adolescente de 15 años que no puede ni debe ser ignorado por el Estado, ¿cuántos “Diegos” – nombre del agresor- andan recorriendo los pasillos de las escuelas?
Los conflictos y diferencias personales entre alumnos del nivel básico deben ser tema de conversación en toda mesa de análisis de las políticas públicas de gobierno en sus 3 niveles, solo la suma de esfuerzos logrará que la sana convivencia sea un derecho universal más allá de discursos triunfalistas.
P.D.- Con el ánimo que las madres y padres de familia asuman sus responsabilidades en la educación de civismo y ética con sus hijos…Escribiré otro día.
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